Investidura: su lado más oscuro

Roberto Blanco Valdés
Roberto L. Blanco Valdés EL OJO PÚBLICO

OPINIÓN

Quique García

28 jul 2019 . Actualizado a las 05:00 h.

Tras el fiasco de la investidura, en la que Sánchez consiguió sumar a su causa ¡solo a uno! de los 227 diputados no pertenecientes al grupo socialista -hecho que quedará inscrito, por insólito, en los anales de nuestra historia democrática-, las informaciones y opiniones sobre tan formidable descalabro se han centrado en el papel jugado en él por sus protagonistas (Pablo y Pedro, Pedro y Pablo), gestores, junto con algunos actores secundarios (o, más exactamente, segundones), de un esperpento digno de la pluma de quien dejo escrito en Luces de Bohemia que «en España es un delito el talento». ¡Cómo dudarlo a la vista de lo sucedido desde el lunes!

A lo largo de la semana también recibieron, por supuesto, su dosis de atención el otro Pablo (Casado) de los dramatis personae y Albert Rivera, que corrían arriba y abajo por la banda (el uno bien tranquilo y el otro de los nervios) mientras el candidato a presidente y el frustrado aspirante a vicepresidente daban patadas al país como quien se las diera a un balón de reglamento.

La actuación de ese cuarteto de cámara (pues el Congreso es una de las de las Cortes Generales) dejó en segundo plano, sin embargo, a los dos partidos más interesados en que el Gobierno de coalición entre Sánchez e Iglesias se convirtiera en realidad: Bildu y ERC. Hace pocos días lo subrayaba Rufián al proclamar que o había un pacto PSOE-Podemos «o aquí palmamos todos». Por las mismas fechas, otro rufián, aunque apellidado Otegi en este caso, remachaba el mismo clavo: «En el Estado no va a haber mejor Gobierno que el del PSOE y Podemos». Ambas declaraciones, que luego el propio Rufián y el portavoz de Bildu en el Congreso explicaron allí con detalle al justificar su abstención a favor del candidato, constituyen, sin duda, el lado más oscuro de la sesión de investidura.