Auge y fulgor de la verbena


El elogio del vocalista, de los animadores, solistas o interpretes de orquestas, cantantes, baladistas, crooners melódicos es una pagina empañada en la niebla de la nostalgia. Las grandes orquestas populares gallegas son únicamente un recuerdo musical en nuestras particulares bandas sonoras. Trovadores, Finisterre, Compostela, Sintonía, Variedades, Pontinos, Players, Trebol son parte del mapa sonoro de un pasado en el que la fiesta y la verbena eran el singular subrayado de las noches del verano.

Las quince mil parroquias gallegas se reparten durante tres meses las trescientas orquestas que actúan en nuestra tierra. En muchos lugares el campo de la fiesta es el atrio de la iglesia, y en el día grande la orquesta contratada acompañaba a la procesión después de cantar la misa solemne de Perosi y antes de la sesión vermú. Distintas lecturas de un rito musical que abría la fiesta antes de comer con el pasodoble Ponteareas o la Jota de la Dolores. Eran los años dulces de Pucho Boedo o Sito Sedes con Los Satélites, de Pita, de Paco Lodeiro, de Noriega o del Carolino.

Después harían furor los conjuntos guitarreros que cantaban y tocaban la modernidad que el país comenzaba a demandar, vaya mi recuerdo emocionado para los Sprinters, y los Píndaros, con quienes bailaba al son de los sueños que llenaban mi cabeza mientras me iba enamorando al menos un poquito.

Pero el tiempo trae y lleva los sonidos recordados y aquellas orquestas que viajaron a ultramar trajeron de vuelta la salsa, la cumbia, el merengue, y Galicia se fue llenando de ritmos tropicales a la vez que el profesor Sierra reinventaba un swing galaico con resonancias de las formaciones musicales norteamericanas.

La música que sonaba era interpretada por auténticos instrumentistas, no existía la música enlatada, ni las bases sonoras pregrabadas ni el humillante play back. El palco de la música donde tocaba la orquesta era municipal o lo ponía la comisión de fiestas, no había la exhibición casi obscena de inmensos escenarios fabricados en trailers y la música era entonces para escuchar, no para ver, como ahora, en plena apoteosis del reguetón y con efectos audiovisuales e incluso circenses que perturban el sentido musical de las orquestas. Hoy la verbena, patrimonio cultural e icónico de los gallegos, es un trabajo de exhibición de luz y magia acompasada a coreografías simples y cantantes femeninas del otro lado de la mar.

Hoy son la Panorama, la París de Noia, el Combo Dominicano o la orquesta Cinema nuestras nuevas señas de identidad. Evolucionan desde los temas livianamente soeces a la música de Queen o Lady Gaga. Hace muchos años, las orquestas que querían impresionar a su auditorio anunciaban que traían las partituras llenas de ópera. Y así fue, las orquestas son en nuestra memoria el aria mas feliz de todos lo veranos, nuestra opera inacabada.

?La música era para escuchar, no para ver, como ahora, en plena apoteosis del reguetón y con efectos audiovisuales e circenses que perturban el sentido musical de las orquestas

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