FaceApp y el monte Neme


Año tras año bailábamos, como clones, la canción del verano. Rítmica, petarda y hortera, vencía (pero no convencía) por agotamiento. Sonaba tantas veces que era imposible no escucharla. Eran virales antes de que existieran las redes. Y de que se acabaran las canciones de… Ahora que vivimos pegados a un smartphone -incluso en vacaciones- su sitio lo ocupan polémicas aplicaciones como FaceApp, que seduce cada día a miles de usuarios con algo tan tentador como un viaje instantáneo al futuro y un retrato simulado de la vejez. Somos como Dorian Gray. Nos encanta mirarnos al espejo, sobre todo si no refleja la realidad. Y no nos importa intercambiar un abalorio (un filtro) por esa moneda tan preciada que son nuestros datos personales y antropométricos. En el caso de esta aplicación rusa que ya lleva dos años en el mercado y que es un simple divertimento, los damos con un cheque en blanco: pueden hacer lo que quieran con ellos. Y nos da igual. Que el FBI investigue si quiere. Mientras, hacemos un FaceApp y luego nos damos un bañito detox en el Monte Neme, para que rabien los «gallegos raritos».

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