Sánchez, Iglesias y el dilema McNamara


La teatral ruptura de las negociaciones del PSOE con Podemos -casi con toda seguridad un nuevo envite en el duro pulso que mantienen el presidente del Gobierno en funciones y los de Iglesias por ver si sale San Antón o el gobierno de coalición- no cambia la dificilísima tesitura en la que hoy se encuentran los socialistas. Y es que, salvo que Sánchez esté dispuesto a imprimir un giro radical a su política, y mirar hacia Ciudadanos de una vez, tal tesitura no es otra que la determinada por el que cabría denominar ‘dilema McNamara’.

Secretario de Defensa norteamericano bajo la presidencia de Lyndon Johnson (1963-1969), Robert McNamara aconsejó a su jefe sobre la conveniencia de no prescindir del todopoderoso Edgar Hoover, director desde su creación de la muy eficaz Oficina Federal de Investigación (FBI), con una frase que habría de pasar a la historia: «Es mejor tener al indio dentro de la tienda meando hacia afuera que tenerlo fuera meando hacia dentro».

Aunque espero que Pablo Iglesias sabrá disculparme por ponerlo en la posición del indio en mi comparación, lo cierto es que tal es la disyuntiva a la que se enfrenta Pedro Sánchez desde que optó por convertir a Podemos en su «socio preferente».

Si el presidente en funciones acepta el nombramiento de ministros de Podemos, los de Iglesias colocarán al Ejecutivo socialista antes o después en situaciones de serio compromiso, pues lo es siempre el que atraviesa un gobierno que mantiene internamente posiciones opuestas sobre temas esenciales. Obligados si entran en el gobierno a no desaparecer en medio de los seguro mayoritarios ministros socialistas, los de Podemos aprovecharán el desafío separatista catalán (si hay lugar a ello) y las llamadas políticas sociales para diferenciarse del PSOE: ya han hablado de una nueva subida del salario mínimo y del alza de las pensiones como caballos de batalla de ese estar dentro meando hacia fuera que podría ser su salvación para no perecer en un gobierno donde si las cosas marchan bien se benefician quienes lo dirigen y, si mal, todos salen trasquilados.

Sánchez podría optar claro, desoyendo el consejo que a Johnson le diera McNamara, por mantener a Podemos fuera meando hacia dentro, negándose a su entrada en el Gobierno, lo que, dentro de la lógica de todo sistema parlamentario, desligaría al partido morado de cualquier compromiso con la gobernabilidad. Algo que dejaría a Sánchez, con sus 123 diputados, en una situación tan precaria en el Congreso que aguantar en el poder acabaría por ser, más pronto que tarde, completamente imposible.

El presidente se viene resistiendo desde hace semanas como gato panza arriba al dilema McNamara y defiende como salida eso que sus fantasiosos asesores han denominado gobierno de cooperación. Ocurre, sin embargo, que no estar dentro ni estar fuera contradice las más elementales leyes de la física. Y también de la política.

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