Ozono contaminante


Si se unen dos átomos de oxígeno forman una molécula estable de oxígeno normal (O2): el que está en la atmósfera, el que respiramos, el que se usa en hospitales. Si se enlazan tres átomos de oxígeno forman una molécula de ozono (O3). El ozono también es oxígeno, pero sus moléculas son inestables y tienden a desprenderse del átomo de oxígeno en exceso. La famosa capa de ozono de la alta atmósfera nos protege de los rayos ultravioleta (UV), porque estos pierden energía al arrancar un átomo de oxígeno de las moléculas de ozono.

 En las capas bajas de la atmósfera (troposfera) el ozono se forma por acción de la radiación solar y el calor sobre los óxidos de nitrógeno, procedentes de la contaminación atmosférica. Al contrario de lo que ocurre con el ozono de la alta atmósfera, escudo protector de la radiación UV, el ozono de las capas bajas de la atmósfera, puede afectar a la salud de los seres humanos (irritación de las mucosas de ojos y vías respiratorias) y producir alteraciones en los bosques.

Para los venenos, en la dosis está la toxicidad y para el ozono, en la altura también, pero a la inversa. Cuanto más bajo esté el ozono, más perjudicial.

En un informe hecho público recientemente (La Voz, 26 de junio), se indica que en el 2018 los gallegos hemos estado expuestos a niveles de contaminación que superan las recomendaciones de la OMS. El ozono es el contaminante más extendido y sus niveles siguen siendo estacionarios o en aumento.

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