Dicen algunos estudios que el mayor grado de fracaso de las empresas familiares se produce entre la primera y la segunda generación. La Diputación de Ourense no es una empresa familiar, aunque durante demasiado tiempo lo haya parecido. José Manuel Baltar la heredó de su padre de manera que lleva casi treinta años en manos de la misma familia. El argumento que el barón ahora retirado usaba para hacerse valer en el partido eran las mayorías absolutas. Una tras otra. Pin pan. No hay más que recordar cuando se encerró en un piso con diputados de su cuerda para presionar al mismísimo Fraga. Pero aquello es ahora la prehistoria de la política provincial. Y las mayorías absolutas de los Baltar, una especie en extinción.

 El heredero, por tanto, no está en condiciones de presionar al Partido Popular de Galicia porque no tiene con que hacerlo. Porque aunque se agarre a los votiños, la pregunta que tanto él como Feijoo deben hacerse es a quien pertenecen. En primer lugar, claro, a quienes los depositaron en las urnas. En segunda instancia, la pérdida de la mayoría absoluta señala que los votos son del PP, no de Baltar, que ahora está buscando apoyos (algunos inauditos) para lograr mantenerse.

Piensen en cualquier votante medio (y mayoritario) del PP en la provincia de Ourense: mayor, conservador, del rural... votarían al mismo partido sin dudarlo aunque en lugar de candidato hubieran postulado a un androide. Porque eligen la marca.

Ahora que Ciudadanos sigue la hoja de ruta que se había marcado -pactar de forma natural con el PP pero apostar por la regeneración política- y pide a Feijoo que Baltar salga de la ecuación ourensana, el presidente del PPdeG tiene la oportunidad de algo que a veces parece un exotismo en la política española: obrar según sus palabras. Con el apoyo de Ciudadanos, el PP, con la lista más votada, gobernaría en la Diputación. Y en el Concello haría lo propio el PSOE, evitándose así los cambalaches que estos días hace Baltar, jugando a cambiar cromos que no son suyos para perpetuarse (a él y a su apellido) sin importar el partido. Sería injusto para los vecinos de Ourense que usen una ciudad en crisis para jugar a las casitas.

Es probable que a Feijoo no le lleguen los comentarios de la calle. Los que hacen militantes y simpatizantes de su partido que siguen votando «a pesar de Baltar». Pero si se detuviera a escuchar comprobaría que ya no hay cartas para que le echen un órdago porque el granero de votos ahora es un simple almacén.

Porque los resultados, buenos en el contexto general pero ya no imbatibles, confirman que en Ourense Baltar no es el PP ni el PP es solo Baltar.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
15 votos
Comentarios

¿De quién son los votos en Ourense?