La estrategia ibérica


Hace dos años recordaba la trayectoria de Pedro Sánchez, aparentemente un recién llegado a la política, conocedora de su experiencia en temas europeos y de su intermediación, elegido por Carlos Westendorp en las negociaciones de paz en su etapa de alto representante de la ONU en Bosnia. El diplomático lo definía como un político de trato sencillo y cercano, trabajador, resistente, leal, amante de la acción y dialogante con las partes enfrentadas en todos los idiomas necesarios… virtudes que parecen ventajas a la hora de imaginar a un presidente español negociando al más alto nivel con las instituciones europeas y dispuesto a liderar a los socialistas continentales, bastante a la baja e incluso desaparecidos en antiguos fortines, como las mismísimas Francia e Italia.

La alianza ibérica, no explícita pero evidente, entre los socialistas de Portugal y España, tiene un recorrido previsible aunque la discreción está marcando la pauta. El reparto de presidencias en las comisiones del nuevo Parlamento europeo, las portavocías en sus diferentes ámbitos, la distribución de competencias en los órganos internos del grupo socialista son peccata minuta pero suman si se añaden al peso que sus opiniones tendrán ante los actuales y futuros comisarios, los altos funcionarios del Banco Europeo, la OTAN y los organismos multilaterales. También, en otro orden de cosas, para la reactivación de una agotada Internacional Socialista que había sido dejada en manos de América Latina y el Caribe desde los tiempos de Felipe González y Rodríguez Zapatero. Los demócratas americanos, alicaídos y en estado de shock -no solo por la facilidad con que Trump se sostiene sino por la subida en intención de voto- pueden merecer también alguna atención para la socialdemocracia que bebe de ambos lados del Atlántico. Mucha tarea por hacer y poco tiempo que perder.

Los intereses de España en Venezuela, México y Cuba, por citar solo algunos de los escenarios más visibles, se encuentran en línea roja por sus propias dinámicas internas, acentuadas por las políticas del gigante del norte, pero Panamá, Brasil y el Cono Sur en su conjunto reclaman una atención urgente para reactivar alternativas de izquierda que sean compatibles con los intereses de una Europa dispuesta a discutirle el terreno a los Estados Unidos de Trump. Vienen tiempos de novedades, y tal vez no sean tan rápidas como a los periodistas nos gustaría, pero desde la confirmación o renovación del próximo Gobierno español, hasta el equilibrio de fuerzas que se consiga en Europa, todo tendrá que ver en un escenario múltiple donde se desarrollan varias simultáneas donde nadie gana si no lo hace en equipo, y de eso el ideólogo de la ultraderecha, Bannon, sabe bastante. De las agencias de calificación de riesgo y de la guerra híbrida en marcha, mejor hablamos otro día.

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