Ortega 10, Iglesias 0


Criticar a Amancio Ortega, como ha hecho Pablo Iglesias, por sus donaciones a la sanidad pública es uno de los mayores disparates que he podido oír desde hace mucho tiempo. Ojalá el señor Ortega y muchos otros mecenas sigan contribuyendo con sus donaciones a la mejora de la sanidad pública y la investigación en este país.

Amancio Ortega, a quien no tengo el gusto de conocer y con el cual no tengo vinculación profesional alguna, es un empresario que desde la nada ha construido el que probablemente sea el mayor imperio textil del mundo. Supo rodearse de personas inteligentes y trabajadoras y todos juntos crearon Inditex; su exitosa aventura empresarial ya se estudia en las mejores universidades del mundo. Ojalá hubiese en este país muchos empresarios como el señor Ortega que crearan miles de puestos de trabajo con unas condiciones dignas para los trabajadores. Además, el señor Ortega mantiene el núcleo de su empresa aquí, en Arteixo, y no se ha ido a Madrid, Londres o Nueva York, donde le acogerían con fuegos artificiales.

El señor Iglesias, que parece que está rapeando cuando mitinea, es un político que se declara de izquierdas, aunque viva como un millonario. Es el político más incongruente que ha tenido la izquierda española. Su afán por el poder y la gloria; su apoyo al pseudo-democrático régimen venezolano que crea miseria en su pueblo y aislamiento internacional; su benevolencia con los escraches («los escraches son el jarabe democrático de los de abajo», Iglesias dixit), aunque él tenga su casa vigilada por la Guardia Civil para que no lo escrachen en su domicilio como sí le han hecho a otros políticos; su distanciamiento (por ser amable en el término) de los cofundadores de Podemos; sus altas dosis de demagogia barata; su animadversión hacia la banca como si los banqueros fuesen el demonio, aunque haya acudido a ellos para comprar su mansión, su vestir desenfadado para ver al jefe del Estado (supongo que para dar imagen de proletario republicano), su disfraz pijo para ir a la gala de los Goya y un largo etcétera hacen que este político sea poco de fiar. En España y por el mundo adelante hay muchas personas de izquierdas que sí son merecedoras de respeto por su decencia y coherencia vital e ideológica. No es el caso.

Por todo lo dicho, Ortega 10, Iglesias 0.

Por Jaime Gómez Márquez Catedrático de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad de Santiago de Compostela

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