Relegitimar la democracia europea


Más allá del mayor o menor grado de europeísmo que nos atribuyen los estudios de opinión, lo cierto es que, votación tras votación, menos de la mitad de los europeos participan en las elecciones a la Eurocámara. De la aguda desafección que padece nuestra institucionalidad común también da cuenta el auge de un nacional populismo en sinergia creciente y al que ahora, desde España, sumaremos al Vox de Abascal o al Junts de Puigdemont.

A la vista del consolidado abstencionismo y del alza de un antieuropeísmo que cuenta, como novedad, con apoyos de Washington y Moscú, la del brexit bien podría no ser la última conquista de quienes aspiran a deconstruir Europa; soslayando así los retos de la globalización, aumentando las desigualdades y, en definitiva, desandando la senda de progreso y justicia social seguida por las dos últimas generaciones de europeos.

Lamentablemente, conocemos las dramáticas implicaciones de propuestas involucionistas como las que son tendencia y que tan fielmente entrañan Salvini, Orban o Le Pen. Bien deberían servirnos de revulsivo a la hora de reforzar la legitimidad democrática del proyecto europeo -al fin y al cabo, punta de iceberg de nuestras propias realidades nacionales-. Resulta prioritario enfrentar las tendencias autárquicas de tipo reduccionista y excluyente que, dentro y fuera de la Unión, ponen en cuestión el referente de paz y libertades que representa Europa. Se trata quizá de nuestro mayor desafío como sociedad.

Nos marcan el camino a seguir iniciativas que fomentan la convivencia, inciden en la construcción del demos europeo y superan las fronteras, interiores y exteriores, de nuestras democracias: caso de un Erasmus que debemos reforzar y ampliar o de una Iniciativa Ciudadana Europea -trinchera de participación- necesitada de reformas que la hagan eficiente a la hora de materializar el necesario diálogo, reconocimiento mutuo e interacción directa entre la ciudadanía europea y una representación política a la que urge dar a conocer su función en defensa de los intereses de Europa y los europeos.

Que en España las elecciones a la Eurocámara coincidan con las municipales y autonómicas puede servir a la hora de amortiguar la reducida participación, al menos a nivel nacional; ahora bien, en medio de una vorágine electoralista que diluye la trascendencia propia del envite común. El blanqueamiento que desde la derecha de Partido Popular y Ciudadanos se hace de la ultraderecha española, inaudito a nivel europeo, tampoco favorece a la puesta en valor del proyecto comunitario. Afortunadamente, contamos con el conocimiento, la experiencia y las herramientas necesarias para relegitimar Europa y el modelo que representa. Debemos, tan solo, estar a la altura de las circunstancias, poner a la educación en la base y volver a apostar por la profundización de nuestras democracias y por la decidida oxigenación de sus circuitos políticos e institucionales. Hacer que pase, también ahora, depende de un voto.

Por Orestes Suárez Antón Doctor en Ciencias Políticas

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