La burla secesionista llega al Congreso


Las escenas vividas ayer en el Congreso y el Senado, donde cinco líderes del procés independentista en Cataluña, que se encuentran en prisión y están siendo juzgados por un delito de rebelión que puede acarrearles penas de hasta 25 años de cárcel, acudieron a recoger sus actas de parlamentarios y aprovecharon una vez más para violar las órdenes judiciales dando mítines y pidiendo el voto; y las que probablemente se repetirán hoy cuando ocupen sus escaños en el arranque de la legislatura, son en sí mismas una refutación de las proclamas de los secesionistas. Por hiriente que parezca que quien se rebela contra el Estado de derecho y pisotea la Constitución pueda ser elegido diputado y adquirir su condición de parlamentario, lo sucedido refleja que, lejos de ser un Estado opresor que sojuzga al independentismo, España es una democracia extraordinariamente garantista con los derechos de los representantes políticos, incluso de aquellos que han perpetrado un intento de golpe de Estado. En España hemos asistido a afrentas incluso más lacerantes, como la de que el sanguinario asesino etarra Josu Ternera, ahora detenido, no solo fuera elegido diputado del Parlamento vasco estando en prisión, sino que, en una burla cruel a las víctimas, fuera designado miembro de la Comisión parlamentaria de Derechos Humanos con el respaldo del PNV.

La aceptación de esa normalidad democrática, que echa por tierra todo el discurso falaz del independentismo, no debe hacer, sin embargo, que pasemos por alto que las grotescas escenas y el desprecio a las órdenes del Tribunal Supremo que vimos ayer en la sede de la soberanía popular apuntan al peligro de que los independentistas trasladen al Congreso de los Diputados el espectáculo circense y antidemocrático que llevan años protagonizando en un Parlamento catalán que mantienen secuestrado, pisoteando los derechos de las minorías, y que utilizan como un teatro en el que se representa cada día una función que da altavoz y publicidad internacional a su falso discurso.

Evitar que el Parlamento español se convierta en una réplica de una cámara catalana reiteradamente ultrajada en términos políticos es una obligación de todos los demócratas. Y, por ello, es urgente que el presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, aclare cuanto antes que en ningún caso aceptará ser investido ni gobernar gracias a los votos de ERC, porque eso daría a los independentistas catalanes un papel capital en esta legislatura, que sin duda aprovecharían para dar la mayor difusión a su causa y para tratar de chantajear al Gobierno. Y si nadie que se llame demócrata puede aliarse con ERC para gobernar España, mucho menos puede hacerlo con EH Bildu, los amigos del etarra Josu Ternera.

Sánchez ha ganado las elecciones y tiene derecho a gobernar. Pero hacerlo aliándose con los enemigos de España convertiría la legislatura que hoy comienza en una ignominia para nuestra democracia que pondría el Congreso al servicio de los que desprecian nuestro Estado de derecho y se burlan de la Justicia.

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