El retorno del Gallifante


Existe un imán atávico en los concursos que ponen a los críos a hacer cosas de adultos y muestran lo espabilados que pueden llegar a ser. Como contrapeso a los pequeños que se miden en televisión con maneras de mayores a la hora de cantar o cocinar, Juego de niños invita a los que ya han crecido a transformarse en chavales por un rato. El mítico programa de TVE está de vuelta y apela a la nostalgia de una generación que hace años lloraba de risa los domingos por la tarde al escuchar las ocurrencias infantiles. Javier Sardá se encarga de nuevo de repartir Gallifantes asegurando que nada ha cambiado, pero eso no es del todo así.

Juego de niños sigue teniendo su punto fuerte en las definiciones de conceptos que hacen los escolares con su mirada genuina y surrealista, esa que les permite describir a E.T. como «un cerdo muerto» o un teléfono móvil como «un cuadrado con otro cuadrado con botones». Y adivina tú qué quieren decir. Pero ahora va más allá del reto de las pistas. Los 25 minutos de duración del original se han convertido en hora y media de pruebas y humor. En el programa, un formato blanco y familiar para la noche de los sábados, es inevitable ver ahora la huella que dejaron en el presentador sus años de éxito en Crónicas marcianas, con su marchamo de espectáculo circense.

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