Iglesias exige sillones, otra vez


Pablo Iglesias está frustrado. Y se le nota demasiado. De pretender asaltar los cielos y acariciar el sorpasso al PSOE ha pasado a ser solo su muleta. Cierto que, tal como está el escenario político, sus 42 escaños son decisivos para la investidura, pero sería incompresible, incluso para buena parte de sus electores, que no votara a favor de un aspirante que le ofrece un pacto programático y diera otra oportunidad a las tres derechas. Para tapar un fracaso electoral por el que tendría que estar dando explicaciones y haciendo una profunda autocrítica ha optado por la conocida estrategia de la mejor defensa es un buen ataque, exigir a Sánchez un Gobierno de coalición, como si fuera un derecho natural que le corresponde, y dar pábulo a un supuesto pacto de los socialistas con Ciudadanos que ninguna de las dos fuerzas contempla. Una vez más la historia se repite como farsa. En vez de negociar primero un programa de gobierno, exige ministerios de entrada. Los sillones ante todo. Irene Montero ya ha puesto nombres sobre la mesa, entre los que, como no podía ser menos, está Iglesias. En cuatro años, el PSOE de Sánchez ha subido dos millones de votos; Podemos e IU, ya abandonados por las mareas y Compromís, han perdido 2,4 millones. Los socialistas doblan en votos a UP y le sacan 81 escaños. Este cataclismo es fruto de los errores y el autoritarismo de Iglesias. Referentes como Carmena y Errejón y algunas confluencias le han dado con la puerta en la narices. En los diez meses de gobierno de Sánchez la colaboración con Iglesias ha sido fructífera. Pero ya no le vale. Ni siquiera una solución a la portuguesa. Le puede la ansiedad de tocar poder. Se le acaba el tiempo y ha decidido jugárselo todo a entrar en el Gobierno.

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