Madres fuera de serie


Representar a las madres reales es uno de los retos complejos que afronta la ficción. En muchas de las nuevas series, la maternidad ha dejado de ser un ideal anclado en la ñoñería de la comedia romántica para dejar paso a personajes y tramas neorrealistas con los que las mujeres puedan identificarse. Tipos de madres existen miles y soportan mal el ser reducidos a prototipos y porcentajes, pero la consigna en los argumentos parecer ser ahora buscar la honestidad a la hora de contar los pormenores de la crianza en el día a día, incluidos los menos cómodos y satisfactorios. Y en eso se empeñan series como Better Things, que busca la sonrisa entre el drama y la tensión que vive el personaje de Sam, una madre soltera y cansada que cría a tres hijas que rondan la adolescencia. Y Catastrophe, con la imperfecta Sharon. Y SMILF, que mira con honestidad cómo Bridgette saca a un hijo adelante siendo una jovencísima madre de clase baja y escasos recursos. En Netflix se puede echar un vistazo a The Letdown o a Madres trabajadoras para comprobar cómo la vida se transforma en una carrera de obstáculos. Si Homeland perfiló a una de las progenitoras con menos instinto de la televisión, en Juego de tronos, entre batalla y batalla, la posesiva madre de dragones aprende, con recelo, a compartir con otro la exclusividad de sus criaturas.

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