Cuando Vox tuitea como Rufián

Marcelo del Pozo (Reuters)

Expira la campaña del 28A. Lo hace sin despejar ninguna de las incógnitas con las que arrancó, envuelta en ruido en las redes e interrogantes en los platós y las calles. ¿Acertarán las encuestas? ¿Gobernará Pedro Sánchez? ¿Lo hará la derecha tricéfala? ¿Cuánto se despeñará el PP de Casado? ¿Le servirán de algo a C’s los fichajes de políticos rebotados? ¿Habrá remontada de Iglesias? Hay muchas preguntas, pero una se lleva la palma: ¿Hasta dónde llegará Vox?

La ultraderecha irrumpirá en el Congreso, pero del número de diputados que consiga depende que haya un nuevo escenario político en España. ¿Tenemos alguna pista? Pues sí. Los llenos y el entusiasmo de los asistentes a los actos de Abascal. No se veía esa comunión desde las primarias de resurrección de Sánchez en el PSOE y desde las primeras campañas de Podemos.

Vox es el partido de los antipolíticos, de los desencantados y de los cabreados. Y ganó puntos con su exclusión de los debates. Sus territorios de caza son otros. Usan mensajes simplificadores, provocadores, incorrectos e insultantes. Imitan la agresiva forma (que no el fondo) de los tuits de ese agitador llamado Gabriel Rufián (los extremos se tocan). Buscan las emociones. Siembran en Youtube o Facebook, en diarios deportivos, en la cocina de Bertín. Y cosechan en redes privadas (o íntimas) como WhatsApp, esa gran autopista de la propaganda tras segmentar muy bien los perfiles adecuados. ¿Qué ocurrirá el domingo? Si pasó lo que pasó en Andalucía, y pasó lo que pasó en su día con Trump y Bolsonaro, el domingo descuenten la sorpresa.

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