No, no es una venganza por el supremacista de Christchurch


La minoría musulmana de Sri Lanka es apenas de un 10 % de la población, pero en algunas zonas, como en la provincia oriental, supone hasta un tercio de los habitantes, lo que le proporciona una falsa sensación de fuerza. Aunque marginada por la mayoría budista, esa minoría islámica ha sido pacífica hasta hace un par de décadas, cuando comenzó el mismo proceso de radicalización que se observa en otras comunidades musulmanas de todo el mundo. La financiación saudí de escuelas islámicas, el contacto con el golfo Pérsico por medio de la emigración o las visitas de estudios a Pakistán de la burguesía musulmana de Sri Lanka han ido transformando lo que durante siglos había sido una comunidad preferentemente sufí -una secta considerada herética por los radicales- en otra de tendencia wahabí extremista.

Ahora las mujeres usan el atuendo musulmán y los jóvenes aprenden árabe para superar las diferencias entre musulmanes de lengua tamil y lengua cingalesa. Ya en el 2014 y el 2018 ha habido enfrentamientos con la mayoría budista. Y un motivo adicional y reciente de rencor, en este caso contra la minoría cristiana, es el éxito de los cristianos evangélicos en la zona montañosa del país, donde han conseguido convertir a un 15 % de la población.

Es en este contexto en el que nació la Organización Nacional del Monoteísmo (ONM), el grupo al que se atribuyen los atentados del domingo pasado. Aunque ahora se diga que son una venganza por el ataque contra la comunidad musulmana del supremacista Tarrant en Christchurch, en Nueva Zelanda. No hay que creérselo. Bastante antes de eso, en enero, la policía ya había encontrado un depósito clandestino de altos explosivos perteneciente a la ONM y destinados, seguramente, a esta carnicería. ¿Existe vinculación con el Estado Islámico (EI)? Seguramente. Solo un par de docenas de musulmanes de Sri Lanka se han unido a él, pero dos de ellos, T.A. Thajudeen y M.M. Nilam Sharfaraz, llegaron a tener cargos en la propaganda del EI. El vídeo de reivindicación difundido este martes en Al-Ghuraba Media, que no es un canal oficial del EI pero sí una plataforma de sus seguidores, parece creíble. Otra posibilidad sería un vínculo con el yihadismo indopakistaní, con grupos como Lashkar-e-Taiba o Jaish-e-Mohammad, que tienen contactos en Tamil Nadu, cerca de Sri Lanka. Se sabe que «un servicio de inteligencia extranjero» advirtió a Sri Lanka de la inminencia de un ataque. Puede haber sido la inteligencia india o la norteamericana. Sería interesante saber cuál: si ha sido la india, el culpable es Lashkar-e-Taiba; si ha sido la CIA, la conexión de los autores sería con el Estado Islámico.

Por último, y respecto a ese error de los servicios de seguridad: es muy posible que haya ocurrido. La seguridad de Sri Lanka es un triste ejemplo de fragmentación política. Pero, por eso mismo, hay que ver las acusaciones en su contexto. Quien denuncia el fallo es el primer ministro Ranil Wickremesinghe, enemigo mortal del presidente Maithripala Sirisena, que controla los servicios de inteligencia, y que sería, por tanto, responsable político del desastre.

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Imágenes de uno de los terroristas suicidas de Sri Lanka poco antes de provocar la masacre En la secuencia se le ve entrar con una mochila cargada de explosivos en una iglesia llena de fieles

Una pareja de Pontecesures, entre las 321 víctimas de los atentados de Sri Lanka

R. Estévez / A. Lorenzo
Imagen tomada de la cuenta de Facebook de Alberto Chaves, víctima con su pareja de la matanza terrorista del Domingo de Resurrección en Sri Lanka
Imagen tomada de la cuenta de Facebook de Alberto Chaves, víctima con su pareja de la matanza terrorista del Domingo de Resurrección en Sri Lanka

Él trabajaba en la India y ella viajó para pasar unas vacaciones juntos en Colombo cuando una bomba en su hotel segó sus vidas

Las últimas noticias que habían recibido de ellos eran unas fotos. María y Alberto miraban al objetivo sonrientes; al fondo, una de las paradisíacas playas de Sri Lanka. Las imágenes llegaron el sábado a Pontecesures, la localidad en la que se había afincado esta pareja. Nadie podía imaginar que, pocas horas después, el estallido de una bomba terrorista borraría todo atisbo de sonrisa, y que el dolor provocado por su onda expansiva llegaría hasta esta pequeña localidad del Baixo Ulla y hasta Rianxo, el municipio natal de Alberto. Porque dos de sus vecinos, dos jóvenes muy queridos en esta villa pontevedresa de poco más de tres mil habitantes, fueron víctimas de la oleada de atentados que el domingo de Resurrección sacudieron Sri Lanka.

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