Un final feliz


Se acuerdan ustedes de la joven testigo de Jehová que estaba en estado crítico en un hospital de Huesca al rechazar una transfusión de sangre? Después de más de cinco semanas entre la vida y la muerte, ha recibido el alta hospitalaria y se encuentra perfectamente. En el momento de su despedida, ha dado las gracias a los profesionales que la atendieron y se ha reiterado en su postura.

Los Testigos de Jehová rechazan las transfusiones de sangre por motivos religiosos. No siempre lo llevan hasta sus últimas consecuencias, es cierto, pero no es el caso de esta joven que, mientras estuvo consciente, advirtió a los médicos del centro sanitario que la trataban de su rechazo a ser transfundida y de que tenía otorgado un documento de instrucciones previas en ese sentido.

A buena parte de la sociedad, a mí el primero, nos horroriza que alguien pueda morir por no aceptar algo tan trivial hoy en día en la asistencia sanitaria como es una transfusión de sangre.

Si a esta consideración se une el ser consciente de que tanto la fundamentación ética como la interpretación que se hace de los textos bíblicos adolecen de rigor hermenéutico, ese sentimiento de horror aumenta.

Sin embargo, no podemos dejarnos llevar por el paternalismo y habremos de respetar el derecho a rechazar un tratamiento, por las razones que fuere y aun cuando esa decisión pueda acarrear la muerte, como uno de los contenidos esenciales del principio de autonomía. Y, al mismo tiempo, alegrarnos de que el testamento vital ha cumplido con su razón de ser.

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