Las últimas horas


Diagnostica el libro Teleshakespeare, de Jorge Carrión, que los personajes de ficción son el nuevo estupefaciente, el narcótico que explica los síntomas de la adicción en serie que padecemos. A ellos, a los personajes, se encomienda el segundo episodio de la temporada final de Juego de tronos, para conceder al espectador el tiempo de despedirse a gusto, sin sobresaltos ni muertes sobrevenidas, del gran panel de figuras que lo han tenido enganchado en los últimos años.

Hay quien aguarda con impaciencia a que empiece la acción y la carnicería en una ficción que nunca ha tenido miramientos a la hora de cortar cabezas a degüello. Pero primero, los guionistas han querido hacerlo bonito. En las últimas horas de vida de sus héroes favoritos, les brindan homenajes que llevan implícita una sentencia de muerte casi segura en un futuro terrorífico e incierto.

Las opciones de sobrevivir a los Caminantes Blancos son escasas. Solo Bran puede saber si existirá un mañana para los hombres y lo poco que queda ya de la Guardia de la Noche deja instrucciones para no caer en el infierno: «Que el último que quede queme a los demás». A Tyrion, en cambio, no parece preocuparle. Al cerebro más sagaz de Poniente le seduce la idea de regresar a Desembarco del Rey de muerto si no va de vivo. Es el momento de saber si habrá un después.

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