Para innovar hay que empezar por el tejado


Ahora que acometemos transformaciones integrales con la pretensión de innovar y alcanzar la máxima virtualidad de las empresas, surgen también las voces discordantes. Alguien por fin dijo «¡Basta! No podemos entregar todo el poder a los datos, que pueden llegar a dominarlo todo».

 Son precisamente los que iniciaron esta carrera en Palo Alto (Silicon Valley, California) los que hoy alzan la voz para proteger a su progenie de los posibles efectos de este dominio de lo digital. Los centros educativos de sus hijos no saben de tabletas ni de móviles. También en esto, en poner ahora el foco en las personas, son los primeros. No sé si tarde.

Porque antes de comenzar la carrera de la transformación es imprescindible atender a las personas que trabajan en las compañías, las que liderarán y guiarán ese proceso, y que también padecerán y disfrutarán de sus ventajas. Y en este sentido, tenemos que favorecer el pensamiento divergente. Empezar por el tejado.

Es habitual en los procesos de innovación centrar la atención en la búsqueda del resultado final, desechando ideas alocadas, extremas, insensatas. Estamos condicionados por criterios de máxima rentabilidad y eficiencia. También por lógica, sensatez y prejuicios. Un error.

Este año, el del 500.º aniversario de la muerte de Leonardo da Vinci, deberíamos recordar cómo con la combinación de diversas disciplinas (aritmética, pintura, anatomía, arquitectura) o la simple observación, conseguía el polímata resolver los problemas.

Esta combinación de diferentes y aparentemente distantes materias aportaba a los renacentistas ese ingrediente «mágico», estratégico y competitivo que caracteriza un resultado de valor en innovación: la originalidad.

Enseñar a pensar, a comprender en profundidad (con o sin herramientas tecnológicas), desarrollar el pensamiento creativo y divergente, favorecer la originalidad y la flexibilidad, empezar por el tejado, es fundamental para innovar y avanzar a zancadas en la transformación integral de las empresas.

Por Elba Pedrosa Escritora y experta en creatividad

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