Salto telescópico


La ley de la Gravitación Universal de Newton (1687) es simple y hermosa, pero no es correcta. La Teoría de la Relatividad General de Albert Einstein (1915) la corrige y sustituye: así entendemos la gravitación hoy. En 1939 Robert Oppenheimer (director de la construcción de la primera bomba atómica) calculó hasta qué punto podría comprimirse la masa del cadáver de una estrella y qué pasaría con la gravedad en ese límite de la Relatividad. Obtuvo que el tirón gravitatorio sería tan alto que no podría salir nada (ni la luz) de cierta zona esférica alrededor de ese cadáver. La superficie de esa esfera (llamada horizonte de sucesos), escondería el interior como una cortina negra. Un agujero negro. Oppenheimer también comprendió los extremos a los que llegaría el tiempo en ese horizonte: si alguien pudiese acercarse a él un pequeño instante, al volver a la Tierra descubriría que en ella habrían pasado siglos; toda una máquina del tiempo.

Curiosamente, la Relatividad General no llegó a su edad de oro hasta la muerte de Einstein (1955). El trabajo teórico sobre agujeros negros aumentó. Se fueron encontrando evidencias experimentales de su existencia… hasta la primera imagen directa de hace unos días, combinando varios telescopios para recrear virtualmente uno del tamaño de la Tierra. Es, ante todo, un salto técnico tremendo en nuestra capacidad de observar el Universo. Imagínense lo que se podrá ver si se consiguen situar varios telescopios en satélites, para formar un telescopio virtual de tamaño mucho mayor que el de la Tierra.

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