A ti, que te despertaste sin saber muy bien lo que había pasado pero sabías que había pasado algo. Jamás dudes. Yo te creo. A ti también, que cuando se te echaron encima entraste en shock y te quedaste congelada, esperando a que todo terminase. Que lo único que pudiste hacer para protegerte fue intentar salir de tu cuerpo mientras estaban arrebatándote tu cuerpo. Eres una superviviente. Jamás lo olvides, yo te creo. A ti, que en un momento dado cambiaste de opinión, pero tu opinión dejó de ser importante. Te habías convertido en un objeto y los objetos están para usarlos. Jamás te cuestiones. Tenías derecho a cambiar de idea. Y te creo. A ti, que regresaste a casa cruzando un parque. Que llevaste una falda corta, que bebiste. Que no cogiste un taxi, que decidiste que tenías el mismo derecho a pisar la calle. Jamás fue tu culpa. Recuérdalo siempre. Te creo. A ti, que te cayó como una tormenta el chantaje emocional de quién debía quererte. Jamás te avergüences. Yo te creo. A ti, que te resististe hasta que dejaste de existir. Tu nombre jamás desaparecerá. A ti, que conseguiste vivir para contarlo, cuéntalo. Porque te creo. Jamás te calles. No es no. El silencio no es sí. Solo sí es sí. Lo que ha dicho en ese debate no tiene ni pies, ni cabeza, ni decencia, ni sentido. No te lo perdonaré jamás, Cayetana. Jamás.

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No te lo perdonaré jamás, Cayetana