Vandalismo


Nuevo ataque de los vándalos al patrimonio histórico-artístico gallego. Primero la Colegiata de A Coruña. Después la catedral de Santiago, uno de los monumentos más importantes del mundo, y ahora le ha tocado a la iglesia de Maside. Estos impresentables no tienen nada mejor que hacer que pintarrajear un patrimonio que es de todos y del cual tan orgullosos nos sentimos los gallegos.

¿Cómo poner freno a semejante barbarie? Si con el Código Penal actual estos hechos se están convirtiendo en el pan nuestro de cada día, el único remedio será modificar y endurecer esta ley, concretamente los artículos referidos a los delitos sobre el patrimonio histórico. Pero para detener a estos individuos hay que instalar cámaras en las proximidades de estos lugares de gran valor artístico. No hay otra forma. Se amparan, como buenos delincuentes que son, en la impunidad que regala la noche y pretender ubicar un par de policías en las proximidades de cada una de estas joyas artísticas es una utopía digna de Tomás Moro. Galicia posee un inmenso patrimonio cultural que peligra por culpa de estos energúmenos.

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