Ni un paso atrás


Mi nombre es Rita Míguez de la Iglesia y soy mariscadora, mujer de la pesca y amo profundamente mi profesión. Desde hace tres años presido la Asociación Nacional de Mujeres de la Pesca (Anmupesca) y he de decir que asistimos con auténtico estupor a las noticias de estos días. La entidad nació para visibilizar el papel de la mujer en el sector y defender nuestros derechos laborales y profesionales. En España, trabajamos en la pesca unas 60.000 personas, de las cuales el 16 % somos mujeres. Por comunidades, en Galicia, una de cada cuatro trabajadores somos féminas.

Las 600 rederas de toda España son un pequeño porcentaje en el amplio sector, pero su labor es fundamental para nuestro día a día.

Desde el 2004, llevan solicitando el coeficiente reductor. Son las únicas que aún no lo tiene. Lo hacen porque pasan largas jornadas de más de diez horas sufriendo gélidos vientos del norte o altísimas temperaturas en los pavimentos de nuestros puertos, y, aun trabajando a cubierto, muchas veces, en lugares sin habilitar y sin medidas de higiene y salubridad.

Las razones que alega la Administración para denegarles ese coeficiente son cuando menos increíbles: no se las legitima como entidad representativa de su sector y se les recomienda utilizar la vía del sindicalismo y las asociaciones empresariales para iniciar el trámite. Y yo me pregunto, ¿qué valor tiene que España sea un ejemplo en asociacionismo cuando nuestra propia Administración nos niega la representatividad?

Y aunque esto fuese así, que no comparto, existen mecanismos para iniciar de oficio el procedimiento. Ello me lleva al segundo argumento que esgrime la Dirección General de la Seguridad Social: «La falta de indicios de elevados incrementos en las tasas de mortalidad y morbilidad debido a la realización de dicho trabajo». Simplemente, vergonzoso.

Estamos inmersos en un nuevo proceso electoral y los partidos políticos se llenan la boca hablando de igualdad, cohesión social y derechos. Las mujeres de la pesca asistimos a esta nueva cita desmotivadas, descreídas y totalmente desilusionadas.

Es cierto que hemos dado pasos muy importantes, pero aun cuando hemos seguido a pies juntillas todas sus recomendaciones y conseguimos llegar a las puertas del poder, nos las cierran en las narices. No nos permiten acceder a los órganos donde de verdad se toman las decisiones y las políticas que nos afectan. Somos conscientes de nuestro papel en esta sociedad y ya no nos sirve todo; reivindicamos lo mismo que para los otros colectivos, porque son nuestros derechos y porque es de justicia social. Y, desde luego, no estamos dispuestas a dar ni un solo paso atrás.

Por Rita Míguez de la Iglesia Presidenta de Anmupesca

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