Elecciones agropecuarias


No soy un apasionado de las campañas electorales, aunque suelo prestarles atención. Las veo, básicamente, como un ritual periódico de mentiras sazonado con promesas que se incumplen sistemáticamente, al que acompañan descalificaciones mutuas en las redes sociales. El nivel intelectual de nuestras campañas a las elecciones generales es más propio de una discusión tabernaria entre zopencos. 

Es verdad que esta campaña aporta novedades importantes, como la incorporación de tertulianos a las listas, la irrupción de los neandertales o la presencia relevante de toreros y banderilleros en puestos de salida, lo cual garantiza, sin duda, que las cosas irán mejor. Sin embargo, no es eso lo que me ha llamado la atención. Lo que me ha sorprendido es que repentinamente el mundo rural ha aparecido en campaña, y no por los cien diputados en juego, sino porque todos están muy preocupados por la llamada España vaciada.

Desde que Isabel Tocino se vistió de pastorcilla hace ya dos décadas -por cierto, gloriosa imagen-, no habíamos visto nada semejante a este despliegue agropecuario. Rivera sonriente al volante de un tractor, Casado observando detenidamente un tomate y Sánchez en Mercamadrid para interesarse por el mercado de las hortalizas. Como no podía ser menos, Abascal se fue a la feria de maquinaria agrícola de Lerma.

No han dicho ni hecho nada en los últimos años, han pasado de los pueblos hasta que sus escaños en el Senado y el Congreso están amenazados por la rotura del bipartidismo, pero todos comparten una manifestación que exige la igualdad de derechos de los habitantes del rural, el acceso a las nuevas tecnologías, etcétera, cuando son ellos los únicos responsables de la situación actual. ¿Ante quien lo reivindican?

Por bonito que sea, las cosas no se cambian por mirar un tomate, subirse a un tractor o visitar una feria, aunque la foto se publique. Tampoco con propuestas que mezclan la despoblación con el aborto, o las desigualdades con la tauromaquia o la caza; no se puede ser más ignorante. Se cambian, básicamente, con fondos económicos, diagnósticos precisos y acciones meditadas, no ocurrencias.

Y, para empezar, hay que entender que en esa España rural no hay solo agricultores y ganaderos que quieren vivir de esa actividad, sino que hay, también, muchos jóvenes que quieren quedarse en sus pueblos desarrollando actividades, hasta hoy consideradas urbanas, que las nuevas tecnologías facilitan. Todo eso exige políticas de empleo, servicios educativos y sanitarios e infraestructuras que en el momento actual no existen o están mal orientadas.

Por ello, en vez de manifestarse, empiecen por repasar cómo se invierten los fondos europeos, en especial los de la política agraria común, prioricen las inversiones en los pueblos y comarcas rurales frente a los proyectos urbanos fantasiosos, y analicen si la actual política fiscal, urbanística, de empleo y de transporte es justa con los ciudadanos del mundo rural. Lo demás son pamplinas.

Como siempre, las cosas se pueden ver de otra manera: Tractores Rivera, Tomates Casado, Hortalizas Sánchez y Arados Abascal. Vaya, la verdad es que son unas elecciones realmente agropecuarias.

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