Zona franca de talento


Algunos piensan que A Coruña debe buscar su lugar en el mundo. A mi juicio, debe hacer algo más simple, conocer su historia y volver a su etapa más gloriosa, a finales del siglo XVIII y principios del XIX. En esos tiempos no tenía nada, ni siquiera agua, que debía cedérsela Oza. Lo que sí abundaban, en sus calles, eran comerciantes, armadores, industriales, gentes de empresa. Usaban la lengua franca, el castellano, para entenderse, porque provenían de todas las Españas. Vivían con la misma efervescencia que Tiro, el puerto libanés que hizo grande a los fenicios. Crearon la primera zona franca. Después le siguió Cartago y, desde ahí, a los principados germánicos del siglo XIII o a las capitales del Mediterráneo en el siglo XV. Las grandes ciudades comerciales siempre han sido zonas especiales o con una discriminación positiva. Siempre han sido tierras francas, abiertas a los comunes del mundo. Si esta es la lectura, cuenten conmigo, y supongo que también con toda la ciudad. Los proyectos ambiciosos siempre han apasionado a los coruñeses. Para lo que no creo que estemos los coruñeses, y menos los gallegos, es para hacerle la competencia a la Zona Franca de Vigo. Galicia no es Corea. 

A nadie se le escapa que A Coruña es una de las principales provincias exportadoras de España, posición que ha alcanzado gracias a Inditex. Por tanto, el sentido común indica, por un lado, que todo proyecto ha de construirse sobre los ecosistemas exportadores que ha creado el gigante de Arteixo. Y, por otro, que, hoy por hoy, el modelo a seguir no está en España, sino en los Emiratos Árabes. Ahí reside la referencia mundial, un espacio que ya engloba a quince mil empresas y en donde se asientan cada mes 170 compañías.

Y, ¿qué tiene de especial? Que es mucho más que un área aduanera, es un espacio de discriminación positiva global. Los trabajadores y los empresarios asentados en Dubái gozan, entre otros aspectos, de un régimen tributario especial. Fíjense que hablo de personas y de empresas, más que de mercancías, y esta debería ser la novedad.

Vigo es una ciudad que se volcó en la industria en un momento de nuestra historia en que España vivía aislada del mundo. Lo natural era darle puente de plata a las mercancías.

Una zona franca coruñesa debe ser más ambiciosa y convertirse en un espacio amigable para el talento internacional. Que tenga libertad de entrada. O lo vemos así, o todavía no nos hemos enterado de que Inditex y, en menor medida, Abanca, han creado un ecosistema tecnológico que está sorprendiendo a España.

Hoy, en Galicia, y liderado por A Coruña, existe un sector, el tecnológico, que mueve prácticamente tanto empleo como el pesquero. Sin embargo, en el imaginario popular somos potencia pesquera y nadie en innovación. Si la zona franca va por ese sentido, adelante, uno está cansado de mediocridades.

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