Casado trabaja para Pedro Sánchez


Viendo el día a día de Pablo Casado, entran ganas de preguntarse: ¿Pero cómo es posible que fuera elegido para luchar por la presidencia del Gobierno de España? Es difícil encontrar en la historia de nuestra democracia a un candidato capaz de cometer tal cantidad de errores durante la carrera electoral.

Desde su estrategia en general, a sus actos en particular, dispara como una escopeta de feria. Renunció desde el primer minuto a que el Partido Popular fuera un partido ganador. Al escorarse en exceso a la derecha y olvidar la centralidad, entregó en bandeja al PSOE el traje de la moderación y, por tanto, el de presidenciable.

Igualmente, su elección de temas de campaña, como el aborto, o incluso los toros, le sitúan en la línea de una España de unos tiempos ya superados y que observa sorprendida cómo un joven candidato desentierra asuntos de una sociedad que no tiene que ver con el país que él pretende gobernar.

Cada intervención pública suya catapulta más aún a Pedro Sánchez hacia la presidencia de la próxima legislatura. Y así se explica que alguien con tantos flancos débiles, que ha demostrado una gran volatilidad en sus principios, diciendo y desdiciéndose continuamente, aparezca en todas las encuestas como el claro ganador de las elecciones. Sánchez ha estresado al límite al Estado y lo ha instrumentalizado con luz y taquígrafos. Hay mil y una razones para que las urnas le dieran un figurado sopapo y lo echaran de la Moncloa. Pero en cambio va camino de la victoria.

Tal triunfo del socialista solo se entiende, al margen de una estrategia electoral más inteligente, la falta de categoría de sus adversarios y sus continuas pifias. Casado habla demasiado, pero en lugar de que el debate se centre en sus mensajes, consigue que lo haga en sus tropiezos. Incluso a veces los propios mensajes son los tropiezos. Rivera renunció a pelearle el electorado a los socialistas con su foto de Colón y su negativa a pactar con el PSOE. Abascal va a lo suyo y lo suyo es crear follón y fomentar un extremismo que también alimenta la campaña socialista. Y Pablo Iglesias se ha empeñado en devolver a su contrincante en la izquierda todos los votos que en su momento consiguió robarle.

Pero de todos, sin duda, lo más determinante es el papel de Pablo Casado. Porque el Partido Popular, incluso menguado en su prestigio por la corrupción, es un trasatlántico que apenas necesita un buen capitán para llegar a algún puerto. Pero Casado se está empeñando en embarrancarlo. Hasta el punto de que si se consuma la victoria de Sánchez y este logra formar gobierno, debería agradecérselo con un ministerio. Nadie se lo habría ganado más que él.

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