Un discreto dispositivo


Ya están aquí. Los seguros conectados para vehículos aparecen como la evolución natural del Internet de la Cosas aplicado al mundo de la automoción. Como ocurre con todo lo relacionado con la tecnología en el siglo XXI, nos los venden como la protección más completa y un compromiso con la innovación y la seguridad. Es el caso de la poliza para motocicletas que acaba de anunciar una compañía del sector en colaboración con una operadora de telefonía. La solución consiste en la instalación de un ‘discreto dispositivo’ en la moto del asegurado, que hace posible que el vehículo esté localizado y emitiendo información sobre su estado. Al mismo tiempo, el cliente descarga una aplicación ?disponible tanto para Android como iOS- en su smartphone, en la que podrá localizar su moto en caso de robo.

Manteniendo la aplicación encendida, la app indicará el último sitio donde la moto fue aparcada, y en caso de pérdida o robo todos los usuarios de la misma podrán ayudar en su ubicación, ya que se creará una comunidad formada por todos ellos.

Hasta aquí todo bien. Pero en la aseguradora explican que la aplicación es capaz también de detectar un impacto mediante diferentes parámetros, como la desaceleración súbita de la moto o la inclinación. En caso de producirse un accidente, y si no se recibe negativa por parte del conductor, se realizará la notificación de la emergencia de manera automática.

¿Qué supone esto? Que tenemos en nuestro vehículo una especie de caja negra que registra todos nuestros movimientos y nuestra forma de conducir, información muy valiosa en caso de que haya discrepancias a la hora de dirimir la responsabilidad en un accidente. Por ejemplo, si el usuario superaba ligeramente el límite de velocidad en la zona donde se produjo el siniestro, aunque la culpa del mismo no sea suya las compañías podrían rechazar el pago de una indemnización. Y si el histórico del conductor dice que conduce de forma digamos ‘deportiva’, podrían subir la prima anual aunque no haya cometido infracción alguna. El Big Data contra los derechos de los consumidores.

Este seguro es opcional, pero la UE ya estudia obligar a los fabricantes a instalar una caja negra como la de los aviones en todos los vehículos, que incluso captaría conversaciones que pueden comprometer al conductor. El objetivo declarado es contribuir a reducir las muertes en carretera a la mitad en la próxima década, pero, como siempre ocurre, detrás de una idea loable hay más intereses, y no todos benefician al usuario.

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