Muerte voluntaria de M.ª José Carrasco

Ascensión Cambrón LÍNEA ABIERTA

OPINIÓN

05 abr 2019 . Actualizado a las 07:54 h.

Hoy leemos en la prensa la noticia de la muerte voluntaria de María José Carrasco, con ayuda de su marido, y se impone una reflexión, empezando por el relato de los hechos. M.ª José Carrasco, de 69 años de edad, padecía una esclerosis múltiple desde 1989, una enfermedad degenerativa que en los últimos diez años la hizo dependiente para todas las actividades de la vida diaria. Desde hace años, a causa de los sufrimientos que le provocaba su enfermedad, M.ª José expresó de forma reiterada y firme su voluntad de morir. Estaba en plenitud de facultades mentales y era, por tanto, dueña de su vida y de su cuerpo. Incapaz de mover las manos, solicitó la ayuda de su marido, para cumplir su deseo de morir. El acto de Ángel Hernández de ayudar a morir a su mujer, a la que ha cuidado durante décadas, solo puede entenderse como un acto de amor que no debería recibir ningún reproche penal. La asistencia a las personas más vulnerables y el respeto a sus valores y decisiones, como en el caso de M.ª José, es una obligación moral y la medida de la calidad humana de una sociedad civilizada.

A lo anterior hay que añadir que en una sociedad democrática, basada en el respeto a la libertad individual y la pluralidad, resulta inaceptable que ayudar a una persona a disponer de su vida libremente esté castigado en el Código Penal. Defender el derecho a la vida no justifica obligar a una persona a vivir una vida deteriorada, con sufrimientos inadmisibles y que por ineludibles ya no se desean.

En las sociedades contemporáneas, en ninguna otra cuestión hay tanta distancia entre los deseos de la ciudadanía y la legislación como ante la regulación de la muerte asistida. También es el caso de nuestro país, donde más del 80 % de la población está a favor de despenalizar la eutanasia y el suicidio asistido. Sin embargo, el artículo 143 del Código Penal sigue castigando esa ayuda con penas de prisión. Duele pensar que Ángel Hernández sea sancionado por un acto de amor y solidaridad hacia María José, a la que durante tantos años ha cuidado con esmero.

Este es un hecho que nos lleva a lamentar la finalización de la legislatura y la obstinación de algunos grupos parlamentarios que han impedido que se discutiera en las Cortes el Proyecto de Ley de Regulación de la Eutanasia. Mas también, considero que es ocasión apropiada para exigir a los futuros diputados y diputadas que sean elegidos el día 28 de abril que regulen y despenalicen la eutanasia y el suicidio asistido con urgencia. Hacerlo ya es un imperativo moral y democrático.