¿Quién cuida al cuidador?


La pregunta es sencilla. Hay personas que se dedican a cuidar a los demás porque son así. Y en ocasiones lo hacen hasta el último aliento, tal cual. Mi padre cuidó a mi madre sin desmayo. Ahora, con los conflictos de la sanidad, es importante señalar también las cosas buenas. Los profesionales rigurosos y de mano tendida. No quiero convertir este texto en una carta de agradecimiento. Pero ahí estuvieron siempre Luis Domínguez Juncal, del Abente y Lago; Fernando Jorge Barreiro y Pablo Vaamonde, del centro de salud de Labañou; y los ángeles del HADO, la hospitalización a domicilio, que están hechos de otra pasta.

Tampoco quiero darles la lata con la pérdida inmensa de mi padre. Pero sí es relevante hablar de su generación, que las pasó canutas, y nos dieron y nos dan lecciones de cordura todos los días. Son personas increíbles, salidas de páginas tremendas de la Historia de España. Ellos trabajaron sin desfallecer y sin la cultura de la queja en unas condiciones difíciles. Y nos sacaron adelante cuando, por ejemplo, algo tan simple como ir en coche a Madrid era una proeza. Familias con un montón de hijos, otra circunstancia que hoy nos parece impensable. Muchos recordamos que solo los vimos llorar cuando enterraron a sus padres, nuestros abuelos. Tal vez debieron hacerlo más veces y pedir ayuda, que es muy sano. Pero ellos eran así. Seguían hacia adelante. Su propósito se renovaba cada día. Su cabeza estaba con los demás, empezando por la persona que más amaban.

Siempre me pregunté y me pregunto de dónde sacan nuestros mayores la gasolina. Y encima eran sencillos y buenos. Ya saben, en el buen sentido de la palabra bueno. Amantes de las pequeñas cosas. Un café en el bar de enfrente con los amigos, con los excompañeros de trabajo, en lealtades que duraban toda una vida. Ver un partido de fútbol. Leer la prensa de principio a fin. Nada del otro mundo, pero todo tan extraordinario en la sociedad grosera de etiquetas fáciles de hoy. Seres humanos que no entendían de insultos, pero de sentimientos sabían idiomas. No puedo escribir más porque soy un flojo del baby bum, de los que se meten en cama por un catarro. Y no quiero hablar de mi libro. Ese lo guardo como un tesoro en el cofre de mi corazón. Vengo a reivindicar la biblioteca entera de mujeres y hombres que nos sacaron adelante en circunstancias casi imposibles y que muchos hoy cuidan de sus nietos como si hubiesen vuelto a ser madres o padres. Los consejos son para tirar, pero estén más con ellos. De esa sencillez, de sus justas palabras, de sus silencios medidos (¿dónde están hoy los silencios medidos en este griterío de las redes sociales?) se aprende todo.

?Reivindico esa biblioteca entera de mujeres y hombres que nos sacaron adelante en circunstancias casi imposibles y que muchos hoy cuidan de sus nietos

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
35 votos
Comentarios

¿Quién cuida al cuidador?