Una puede ser demasiado


El primer efecto que se produce en el cerebro tras el consumo de alcohol es la desaparición de los 'centinelas'. Esos centinelas, que básicamente nos aportan sentido común, son los primeros en desaparecer, dando paso a cierta euforia y excitación. Ya con tasas de alcoholemia en torno a los 0,5g/l se manifiestan síntomas como la locuacidad, euforia, desinhibición y conducta impulsiva. En ese momento, lo que antes parecía improbable (quedarse más tiempo, tomarse otra, ir a otro sitio, etcétera) se presenta ahora como una 'idea atractiva'. Se instaura una falsa seguridad, basada en la creencia de invulnerabilidad. En ese estado, suele ser muy improbable que una persona reconozca que no está en condiciones de conducir. Se ve 'en plena forma', perfectamente capaz, incluso mejor que antes para hacer cualquier cosa, también conducir. Y puede aparentar estar bien, pero parecerlo no es lo mismo que estarlo.

En Galicia, cada mes, se detectan unos mil conductores al volante bajo los efectos del alcohol. Seguro que todos, o por lo menos la mayoría, cuando se subieron al coche están convencidos de que estaban perfectamente y que lo que habían bebido no le afectaba a su capacidad para conducir. Está claro que no hemos sabido crear la misma conciencia de riesgo, para uno mismo y para los demás, que quizá si hemos logrado con otras drogas.

Deberíamos recordar que un vehículo pesa una tonelada o más, y que toda esa masa a sesenta, o a ochenta, o a cien que kilómetros por hora puede causar mucho daño (acordémonos de las víctimas del atentado en Las Ramblas). En consecuencia, requiere que quién esté al volante esté en las mejores condiciones, de igual modo que se le exige a un cirujano estarlo antes de operar. Por cierto, una pregunta: supongamos que nos tienen que operar del corazón, y nos dan a elegir entre dos profesionales en principio igual de competentes, pero a uno, y aunque aparenta estar perfectamente, lo hemos visto tomándose una copa en el bar antes de entrar a trabajar, mientras que nos consta que el otro cirujano no ha bebido nada ¿a cuál elegiríamos?

Hay momentos en que una sola copa puede ser demasiado.

Por Manuel Lage Psicólogo clínico en la Unidad de Tratamiento de Alcohol y Conductas Adictivas de A Coruña (UTACA)

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