¿Gallego a Madrid o catalán a Galicia?


El 12 de diciembre de 1918, con una crisis sin precedentes y un debate político enrarecido por la petición catalana de autonomía, el corresponsal del diario El Sol, Julio Camba, hacía una genuina reflexión sobre el papel de los gallegos en la Corte: si un gallego no tenía oficio, ni dinero para emigrar a Buenos Aires, viajaba a Madrid y se dedicaba a ser ministro. El que puede ser el último estertor de la fábrica de políticos que era la provincia de Pontevedra, parafraseando de nuevo al escritor, parece que ha sacudido especialmente las aguas de la derecha española. El despido abrupto de Mariano Rajoy, casi diez meses después, todavía no ha sido asimilado por la mitad del espectro político, especialmente entre los que fueron los suyos. La derecha española se encuentra dividida por primera vez desde la década de 1980; se pone en solfa tanto la unificación que en aquellos años impulsó el patrón como la proverbial forma de manejar los tiempos y congelar los problemas internos que había hecho suya el anterior líder conservador; mientras tanto, aquellas formas han sido sustituidas por la impulsividad. Esta última suele ser enemiga de la reflexión, especialmente si el impulso se basa únicamente en un entendimiento parcial del contexto, concretamente en uno imaginado exclusivamente en el entorno de una serie de barrios muy determinados de la capital del reino. Como en 1918, todo esto se ha producido en el marco de un clima de tensión ante el conllevable problema catalán.

Como todas las acciones provocan una reacción, esos impulsos están suscitando respuestas: algunas de ellas en perspectiva gallega aunque sean susceptibles de trascenderla.

El goteo de bajas de la organización territorial de un partido por el viraje en el discurso y en la trayectoria de su dirección central no deben minusvalorarse. Varias decenas de cuadros, con largas trayectorias y/o prometedores futuros por delante, están tomando una decisión impensable hace poco, asumiendo costes políticos y personales. ¿Por qué? Solo tenemos sospechas.

Dentro de poco un líder gallego va a tener que tomar una decisión crucial para su comunidad, su país y su partido: coger su último tren a Madrid o no. Si lo hace, deberá revertir las reacciones a los impulsos recientes e imponer la solución gallega que se está esforzando en reivindicar. La idea de las identidades compatibles, o la defensa de una España culturalmente plural dentro de su unidad política, con el caso gallego como ejemplo, eran argumentos de peso en su espectro hace tan poco tiempo que no resulta creíble que se hayan olvidado. Al contrario de lo que planteaba Camba en 1918, en esta ocasión la solución al problema catalán puede venir del noroeste y devolver la política española al cauce de lo razonable. Eso sí, en caso de que un gallego no sea capaz de llevarla a Madrid, vendrá un catalán a Galicia para recogerla.

Dentro de poco, un líder gallego va a tener que tomar una decisión crucial para su comunidad, su país y su partido: coger su último tren a Madrid o no.

Por Luis Velasco Profesor de la Universidad de Málaga y consultor

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
16 votos
Comentarios

¿Gallego a Madrid o catalán a Galicia?