Profilaxis ante un pinchazo accidental


Después de una exposición accidental a un objeto punzante, el riesgo de adquisición de enfermedades transmisibles varía. Según las características de la fuente (persona que ha usado la jeringuilla) puede estar infectada por VHB, por VHC o por VIH.

Según las características del objeto hay que distinguir entre cuchillo, navaja o bisturí; una aguja compacta (como las de coser), o una aguja de pinchar (en este caso, el diámetro de la aguja implica la cantidad inoculada).

Según la persona que sufre la exposición hay que tener en cuenta el estado de vacunación contra el virus de la hepatitis B; la profundidad de la herida/pinchazo, y la protección que tengamos (uso de guantes, etcétera).

El virus de la hepatitis B (VHB) es altamente infeccioso y el riesgo de transmisión depende de las características serológicas de la fuente -la situación de la enfermedad/virus en la misma-, y viene determinado por la presencia de antígeno de superficie (HBsAg) y el antígeno e del virus (HBeAg). El riesgo de desarrollar evidencia serológica de infección por el virus de la hepatitis B varía después de una herida/inyección percutánea del 37 al 62 % si tiene los dos antígenos positivos; y del 23 al 37 % si sólo tiene el antígeno de superficie (HBsAg). El riesgo de desarrollar hepatitis clínica en la primera situación oscila entre el 22 y el 31%, y entre el 1 y el 6 % en la segunda.

En la hepatitis C, el riesgo de transmisión depende la carga viral, es decir, la cantidad de virus que están circulando por la sangre, y, como se especificaba anteriormente, de las características del suceso (profundidad, cantidad inoculada, protección con guantes…). El Centro para el Control de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) estima que el porcentaje de infección (seroconversión) está en torno a 1,8 % (entre 0 y 7 %) después de un accidente con una aguja u objeto cortante.

En cuanto al VIH, el riesgo de contagio a nivel profesional (material con sangre) oscila entre el 0,36 y el 0,23 %.

Los medios diagnósticos a nivel hospitalario han mejorado mucho, permitiendo reducir de forma notable el período de incertidumbre o período ventana en el que desconocemos nuestra situación. Este tiempo va a depender de la técnica utilizada.

En el caso del VIH, los test de última generación tienen una sensibilidad y especificidad próxima al cien por cien en la infección crónica. Estos test, unidos a la determinación del número de virus circulantes, disminuyen el período ventana a una o dos semanas.

En la hepatitis C, si la prueba inicial es negativa se podría determinar la carga viral en sangre en un período en torno a las tres semanas, o bien repetir el test a los seis meses.

En la hepatitis B, suele positivizar la serología entre la primera y la décima semana. En caso de ser negativa se debe repetir a los seis meses. También se debe cuantificar la carga viral.

Por Enrique Míguez Rey Jefe de Sección de Enfermedades Infecciosas del Hospital Universitario A Coruña

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