Los femeninos de profesiones


La Academia Francesa acaba de decidir la feminización de numerosos nombres de profesiones, cargos y títulos. Algunos ya se usaban sin su bendición, sobre todo en Bélgica, Suiza y Quebec.

Directoras, cirujanas, abogadas, magistradas o escritoras, entre otras muchas, eran nombradas hasta ahora con sustantivos masculinos, aunque con el artículo femenino: la director, la cirujano, la abogado, la magistrado o la escritor. Se designaba con femeninos a mujeres que desempeñaban oficios humildes y manuales, pero a medida que las profesiones subían en la escala social se empleaba solo el masculino.

Existen femeninos que no se aplican a las mujeres que ejercen determinadas profesiones u ocupan ciertos puestos, sino a las esposas de los varones que los tienen. Así, por ejemplo, el femenino de colonel (coronel) es colonelle (coronela), ‘esposa del coronel’. En España, donde la mujer está integrada en las Fuerzas Armadas, dificulta el empleo de grados militares en femenino ese mismo fenómeno: su uso tradicional aplicado a esposas. Así, capitana, que se usa sin restricciones para las mujeres que encabezan un equipo deportivo o un grupo humano, es -o era- la esposa del capitán, lo que explica que como grado militar siga compitiendo con la forma común capitán.

Tanto en francés como en español, uno de los principales obstáculos para emplear algunos femeninos de profesiones es que disuenan. Ello se debe a que hay funciones, como, por ejemplo, la de fiscala, que hasta muy recientemente no han sido desempeñadas por mujeres, lo que hacía innecesarios esos femeninos. Una vez que entran en circulación y se extienden, esa disonancia va desapareciendo.

Menos explicable es el rechazo de algunas mujeres al uso del femenino de sus profesiones, incluso cuando es la única forma admisible desde el punto de vista lingüístico. Un caso muy frecuente es el de médica. Pese a que el diccionario académico incluye desde 1899 en el artículo médica la acepción de ‘la que se halla legalmente autorizada para profesar y ejercer la medicina’, hay mujeres que se dicen médicos, lo que choca con la norma culta y con la tendencia a dar una mayor visibilidad a las personas de ese sexo. En Francia también ocurre, por ejemplo, con algunas abogadas, que rechazan el femenino avocate por considerar más prestigioso el masculino avocat.

Quel domagge!

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