Eléctricos con sobrepeso


Como cada año se celebra estos días el Salón del Automóvil de Ginebra, la gran cita continental de la industria del motor. Desde hace varias ediciones se repite que «este es el año de los coches eléctricos», pero esta vez va en serio. En el 2019, los fabricantes alemanes más reputados, como Mercedes, Audi y Porsche, van a lanzar sus primeros vehículos alimentados íntegramente por una batería de ión-litio. Es un desembarco de Normandía en una playa en la que hasta ahora disfrutaban a sus anchas Tesla, por un lado, y algunas marcas generalistas como Nissan, Renault, Hyundai y Kia, por otro.

La semana pasada pude conocer el nuevo Audi e-tron, que fue presentado en A Coruña en un evento organizado por el concesionario Arrojo. El coche es espectacular, los acabados dejan a cualquier modelo Tesla en pañales e incluye tecnologías inéditas como los retrovisores virtuales: en vez de los tradicionales espejos exteriores lleva unos estilizados salientes que alojan una cámara en su interior; la imagen captada por ellos se proyecta en sendas pantallas situadas en la parte interior superior de las puertas. No tengo dudas: el e-tron es el eléctrico que se compraría Elon Musk.

Sin embargo, al leer sus especificaciones un dato me sorprendió. No fue el precio (82.000 euros), ni su potencia (408 CV), ni la aceleración de 0 a 100 km/h (5,7 segundos), sino el peso. El e-tron arrastra 2.565 kilos sin contar con sus ocupantes, consecuencia de tener que alojar en su chasis una batería de 95 kWh que pesa alrededor de 800 kilos. Es una batería de alta capacidad, que puede cargarse al 80 % en poco más de un cuarto de hora y que permite una autonomía de 400 kilómetros. Sin embargo, debido a la tremenda masa del vehículo -y a pesar de un coeficiente aerodinámico muy bueno para un SUV (0,27)-, en determinadas condiciones (pendientes, fuertes aceleraciones, tráfico urbano) su rango puede reducirse casi a la mitad.

Este es un problema que afecta a todos los eléctricos. El Jaguar i-Pace, elegido Coche del Año en Europa, pesa 2.208 kilos; el anunciado Mercedes EQC, 2.500 kilos, y el Tesla Model X, 2.534 kilos. Y es un problema de peso.

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