Arnaldo Otegi está triste


Qué tendrá Arnaldo Otegi? Lo contaban ayer muchos periódicos, La Voz entre ellos. Otegi echa de menos al dirigente socialista Ernest Lluch. Entrevistado en un programa de la TV3 catalana, el ex miembro de ETA a quien Zapatero calificó un día de hombre de paz contestó sin que se le quebrara el semblante a una pregunta que habría avergonzado a cualquier ser humano con entrañas: «¿Echa de menos más Ernest Lluch en la política?». La nauseabunda respuesta de Otegi quedará inscrita para siempre en la historia universal de la infamia: «Sí, en la medida en que él apostaba por el diálogo como método para resolver los problemas políticos».

Como reproduzco tan repulsivo episodio a partir de noticias de prensa, ignoro si el periodista de TV3 se dignó recordar a Otegi, según exigía la más elemental de las decencias, que las posibilidades de contar hoy con la aportación de Lluch crecerían exponencialmente si la banda terrorista ETA, a la que se incorporó en 1984 Arnaldo Otegi, no le hubiera descerrajado dieciséis años después al político socialista dos tiros a bocajarro en la cabeza. Y es que siempre resulta más fácil seguir contando con la gente cuando no se la asesina.

Parece más que probable, en cualquier caso, que, aun de habérsele planteado, tal reflexión no habría impresionado mucho a Otegi. De hecho, de sus palabras no cabe deducir culpa o arrepentimiento alguno por haber formado parte de la banda que asesinó a quien ahora echa de menos y por haber liderado el grupo político que justificó durante años la acción terrorista de un grupo criminal que, además de secuestrar y extorsionar, mató a cientos de personas. No, en realidad, para eliminar toda duda sobre su reputación de canalla desalmado, Otegi aclaró que echa de menos al Lluch que su banda terrorista ejecutó como lo hacen los fascistas de la mejor escuela, «en la medida en que él apostaba por el diálogo como método para resolver problemas políticos».

¿Qué cabe deducir de una aseveración tan meridianamente clara? Es fácil: que si Lluch no hubiera apostado por el diálogo, no habría según Otegi motivo alguno para echarlo en falta. Ni a él, ni, claro está, a los cientos de asesinados que, con la misma buena fe con que Lluch confiaba en el diálogo, estaban convencidos -¡y acertaron!- de que con ETA sólo acabaría la ilegalización de su brazo político y la acción policial y judicial.

Tras las deleznables palabras de Otegi se ha levantado una polvareda de protestas que ha llegado incluso al PNV: «Ya lo podían haber pensado antes», afirmó su portavoz en el Congreso, Aitor Esteban. También lo podía haber pensado antes, por cierto, el PNV. Nada sabemos sin embargo, de si a la líder de los socialistas vascos, Idoia Mendia, se le habrá atragantado, con efectos retroactivos, el brindis de Nochebuena con su compañero de cena Arnaldo Otegi. Para serles sincero, yo tengo la firme esperanza de que sí.

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