¿Cómo será vivir sin un gallego cerca?


El título ya es endeble. Con un gallego de buena cepa, hijo del dudoso país de la niebla, nadie puede saber con certeza si se encuentra cerca o lejos de él. Pero mi compañero Carlos Punzón ha escrito que solo hay 57 países en el mundo sin gallegos. O así lo constata la Administración española. La ONU, explica Punzón, reconoce 194 naciones soberanas e independientes y en 137 de ellas viven gallegos o, al menos, un gallego. Lo que deja al mundo huérfanos de gallegos en esos 57 países. Una catástrofe. Pobres estados. Sabíamos por la canción que había gallegos hasta en la Luna. Llevamos toda la vida descubriendo gallegos en el sitio más inexplicable. Hemos hecho páginas y páginas sobre compatriotas que batían todo tipo de récords en los lugares más insospechados. Comedores de patatas, asombrosos.

Así es que no concibo un mundo sin gallegos en nada menos que, por ejemplo, veinte países de África. El continente africano es el que más se resiente de nuestra ausencia. Claro que son estadísticas oficiales y si en algo no cree un gallego es en una estadística, y menos si es oficial. Somos aficionados a sobrevivir. No aspiramos demasiado. Sabemos estar ahí, en una mitad también indeterminada de la escalera, ni muy arriba, que no nos consideren unos triunfadores, ni muy abajo, que tampoco nos vean como unos tirados. Otros pueblos levantan piedras o comen ensaimadas. Nosotros pasmamos mejor que nadie. Son siglos aprendiendo de cómo pasma nuestro imperio de vacas con esa mirada sabia, tranquila, hincada en el verde del horizonte. ¿Cómo va a existir la isla de Madagascar, por ejemplo, sin un gallego dudando a bordo sobre el rumbo que debe tomar la isla? ¿Quién se puede creer que, con casi 17 millones, no hay uno de nós en Zimbabue?

De los diez españoles detectados en Botsuana uno es gallego, de Lugo. Seguro que es un lugoslavo único, como solo los lugoslavos saben ser: gallegos entre los gallegos. Uno en Botsuana y de Lugo. Tremendo. La lía fijo. Estas estadísticas mienten como encuestas o, cuando menos, no dicen toda la verdad como haría un rapaz dos nosos. No puedo creerme que no haya gallegos infiltrados hasta en el último confín, como dábamos por hecho. La emigración la inventamos nosotros. Un pueblo que sabe hacer caldo es patrimonio de la Humanidad y titular indiscutible allá dónde caiga.

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