La insoportable levedad de Florentino


Anda el baloncesto español revolucionado por el escándalo arbitral de la final de la Copa del Rey. El asunto se resume en que en los últimos segundos el trío arbitral cometió dos errores monumentales de difícil explicación. Uno perjudicó gravemente al Barcelona y el otro lo hizo al Real Madrid.

La reacción de Florentino Pérez no se ha hecho esperar. No ha aceptado la derrota. Ha obviado el error que le benefició y deslegitima la victoria azulgrana hasta el punto de que amenaza con irse de la Liga ACB previa convocatoria (al más puro estilo del populismo actual) de un referendo entre los socios.

La forma de actuar del presidente del Real Madrid no es nueva. Lleva años demostrando que acepta muy mal, no ya la derrota deportiva, sino en líneas generales que las cosas no se hagan según su santa voluntad. Recordemos el ridículo de la alineación indebida de Cheryshev. La infracción fue flagrante, pero Pérez hizo de ella una cuestión de honor y un intento de demostrar poderío. Presionó a todos los niveles (a los más altos niveles) a todo aquel que de una u otra manera participó de la resolución del caso. Y no se salió con la suya. Instancia tras instancia resolvieron que hubo una alineación indebida como la copa de un pino y por ello pagó el Madrid, como hubiera pagado cualquier otro club en idénticas circunstancias.

Durante las negociaciones en su día del Real Decreto de Venta Centralizada de Derechos de Televisión, Pérez estuvo, desde la sombra, peleando hasta el final para que la norma, que a la postre fue un gran éxito (los clubes se han saneado, primero, y enriquecido, después; y se ha pagado la deuda con el Estado) no saliera adelante. También perdió su batalla.

Como se estrelló varias veces contra la justicia el proyecto de remodelación del Bernabéu, que tuvo que someterse al ordenamiento jurídico, como no podía ser de otra manera.

Ahora, entre bambalinas, lleva tiempo guerreando contra el presidente de la Liga, Javier Tebas, a quien no perdona que el Real Madrid no sea su primera razón de ser. Aliado con Rubiales, trabaja duramente para quitarle de en medio, pero hasta la fecha se ha comido con patatas a un presidente de la patronal que no le baila el agua.

Florentino Pérez no acepta que de una u otra forma, el deporte sea una combinación del juego, del azar, de la suerte, de las normas deportivas y del ordenamiento jurídico. A Pérez, hombre de grandes valores como le gusta presumir, no le habría importado ganar la final de la Copa gracias a la agresión de Randolph a Singleton, porque lo habría considerado la lógica de un mundo en el que el Madrid gana mientras el Barcelona es el malo de una película en la que el resto son meros figurantes.

Tiene que ser muy frustrante para Florentino descubrir que aunque el Madrid gana mucho, no vence siempre. Y, sobre todo, encontrarse con que en el mundo real es un hombre importante que, según a quién, mete mucho miedo, pero al que todavía le queda muy, pero que muy lejana, la categoría de divinidad.

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