Tribunal de Estrasburgo, primera fase

OPINIÓN

13 feb 2019 . Actualizado a las 09:14 h.

?Vamos a asistir mucho más que a un juicio: vamos a asistir a la construcción de un relato que desborda el ámbito de la Justicia y dará todavía más aliento ideológico al independentismo

La foto nunca debiera haber existido, pero es impresionante: ahí están los doce hombres y mujeres que un día promovieron el quinto intento de la historia de proclamar la independencia de Cataluña. Frente a ellos, siete magistrados del Tribunal Supremo a quienes corresponde establecer la verdad judicial de unos hechos que para unos han sido un golpe de Estado y para otros un épico ejercicio de libertad democrática. Entre ambos extremos tiene que decidir ese tribunal, naturalmente con responsabilidades distintas para cada uno de los procesados. La expectación desborda las fronteras nacionales. Si impresiona la foto de la Sala, también lo hace la cantidad de equipos que desde el exterior transmiten para multitud de televisiones de medio mundo. La imagen de España en esos países es hoy la de un macroproceso a quienes intentaron construir un nuevo estado en la península ibérica.

La primera jornada ha sido despachada por la mayoría de los cronistas como de «cuestiones preliminares»: el ritual de resaltar la indefensión de los acusados, la vulneración de sus derechos y otras apelaciones al comienzo de todos los juicios. Pero ha sido mucho más que eso, sobre todo en el discurso del defensor de Junqueras y Romeva, Andreu Van den Eyden. Este letrado mostró lo que será la defensa de sus representados: un alegato que está mucho más pensado para el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo que para el Tribunal Supremo de España. Valgan como ejemplo seis de sus calificaciones: juicio político, causa general contra el independentismo, proceso contra la disidencia política, tratamiento de los procesados como si fuesen terroristas, vulneración de todos los derechos fundamentales y acusaciones basadas en el léxico militar.

El contenido no se diferencia del mitin que podría dar Quim Torra si tuviese la formación jurídica de Van den Eyden y le dieran la palabra. Al estar allí, en el Tribunal Supremo, Torra se lleva más cargamento de munición dialéctica para arengar a los activistas de los CDR que en una semana de convivencia con Puigdemont. Pero no trato de frivolizar. Trato sencillamente de decir que vamos a asistir mucho más que a un juicio: vamos a asistir a la construcción de un relato que desborda el ámbito de la Justicia y dará todavía más aliento ideológico al independentismo. Porque hay que reconocerlo: la independencia es perversa, la independencia es indeseable, pero tiene relato. Forzado, falso en casi todos sus planteamientos, traidor a la idea de un país integrador, pero construido y con defensores apasionados. Me asusta pensar cómo será recibido en los lugares y en los medios que no sienten, como nosotros, el desgarro de la ruptura de la nación.