El problema viene ahora, cuando tengamos que decidir a quién votar. Es que miren ustedes: la clase política que tenemos es manifiestamente mejorable si se compara con otras generaciones. Salvo los militantes de cada partido, las conversaciones privadas nos indican que una importante mayoría de ciudadanos no tiene en quién confiar para encomendarle la gobernación del país. No hace falta citar nombres, pero seguramente usted escuchó con alguna frecuencia que a uno no se le puede votar por el riesgo de que se encomiende a los más radicales para conseguir acceder a la Moncloa. A otro lo hemos visto demasiado vehemente en sus posiciones de partido y será muy difícil atemperarlo. De un tercero se habla como puramente electoral, sin un programa de gobierno concreto y creíble ni un equipo para ejecutarlo. A un cuarto lo hemos encasillado en el populismo y en el personalismo que no parece que convenga a las perspectivas económicas que se anuncia. Y al quinto se le considera excesivamente autoritario.

Todo esto no se lo inventa este cronista. Está, como digo, en las conversaciones habituales y en las crónicas periodísticas. Por eso las encuestas salen como salen, con bastante empate técnico y con una dispersión de voto como no habíamos visto en toda la democracia. De esa desconfianza en la clase política, de ese descontento con su calidad y de ese desencanto por la situación surge el fenómeno de Vox, que, encima, amenaza con debilitar la fortaleza del partido de gobierno que siempre ha sido el PP. Y por eso la única combinación de gobierno que se contempla es la formación de bloques de afines, con todos sus riesgos de confrontación y con una lejanía kilométrica de la mayoría absoluta. Cuanta más falta hace un Gobierno fuerte, lo que se divisa es un panorama de debilidades.

Hago estas reflexiones al comprobar que el adelanto de las elecciones se hizo inevitable después de que los independentistas, más el PP y Ciudadanos, tumbaron los Presupuestos. La fecha la decidirá Pedro Sánchez, pero ya estamos en campaña. Empiezo a temer que dentro de unos meses estemos en aquello de contra Sánchez vivíamos mejor. Ha sido relativamente fácil dejarlo KO. Él mismo dio todas las facilidades a la oposición política y mediática con sus contradicciones, con sus afanes de permanencia, con sus diálogos peligrosos. Pero ahora viene la gran prueba: devolverle la confianza o buscar un sucesor. Ignoro de qué partido saldrá. Depende de los propios partidos y de que sepan comunicar a la nación un proyecto de Estado y no solo un proyecto de griterío. El que lo haga con más eficacia y credibilidad y ofreciendo un poco de concordia será el ganador. Fíjense con qué poco nos vamos a conformar. 

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
43 votos
Comentarios

Panorama de debilidades a la vista