Va a ser difícil, por no decir imposible, que Nicolás Maduro se avenga a razones y decida convocar elecciones, como le pide una parte de la comunidad internacional. Él tiene trazada su hoja de ruta y quizá le atemorice menos una guerra civil que unas elecciones libres.

Venezuela es hoy un enredo de difícil solución. Pero imaginemos, por un momento, que se produce otro escenario. Ante la presión, a Maduro le da un aire y convoca elecciones que, a decir de muchos, devuelvan la legitimidad democrática a quien decida el pueblo. Y que los venezolanos hacen ganador a Maduro. Porque los populismos y las tiranías dan sorpresas inexplicables.

Y si así fuese, si Maduro se impusiera en las urnas, lo acontecido en los últimos días tendría consideración de catástrofe para la comunidad internacional. Porque se han roto todos los puentes; no cabe posibilidad de recuperar el diálogo después del cruce de insultos y los países que reconocen a Guaidó como presidente, entre ellos el nuestro, no dispondrían de capacidad de volver a restablecer las relaciones; al menos en un plazo razonable. Y Maduro mantendría con todas las bendiciones su política de destrucción y empobrecimiento.

No hay que descartar que, acorralado y amenazado, Maduro, a regañadientes, decida pasar por las urnas. A día de hoy se antoja imposible; pero no hay que descartarlo. Como tampoco que pudiera alzarse con la victoria, por su capacidad de movilización y engatusamiento. Por eso la solución es mucho más compleja de lo que nos quieren hacer ver.

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¿Y si gana Maduro?