Apaciguar y excitar las emociones


Apaciguar las emociones, pide la portavoz del Gobierno de la nación. Excitar las emociones, propone el gobierno de Cataluña en la declaración-mitin leída por el presidente de la Generalitat. Así se resumen las posiciones ante el gran juicio cuya recta final comenzó ayer con el traslado de presos de las cárceles catalanas a Alcalá-Meco y Soto del Real. Digamos que el Estado necesita entrar en este duro período de incierta duración con serenidad de ánimo en la sociedad para que se perciba la pureza del Derecho. Y digamos que el independentismo necesita excitación para que parezca que el Supremo juzga algo más que unos delitos. Le viene bien una cierta agitación de la calle para demostrar ese mito de que ‘todos los catalanes’ son juzgados. Le viene bien una gran atención mediática internacional para que el victimismo tenga eco fuera de nuestras fronteras. Y le viene bien un escenario emocional para que parezca que se juzga algo más que a doce personas. Esa es la preparación política y psicológica de uno de los juicios del siglo.

Por esa razón se entiende que el Gobierno Sánchez no quiera cometer los errores que cometió el Gobierno Rajoy al no dar trascendencia informativa al falso referéndum de octubre del 17 y menospreciar a los enviados especiales que llegaron a España. Y por esa razón está efectuando una gran ofensiva diplomática y de la «España Global» -antes Marca España- para no sufrir las humillaciones que entonces se sufrieron. Dicho en otras palabras: en aquel momento, el independentismo ganó por goleada la batalla de la imagen exterior. No consiguió movilizar a su favor a otros gobiernos e instituciones, porque funcionó la solidaridad entre los Estados, pero sí consiguió crear un clima de opinión pública favorable en parte de Europa y Estados Unidos.

Lo tuvo muy fácil, porque simplificó el mensaje. Nada de grandes proclamaciones teóricas, sino un sencillo discurso que en su primera fase consistió en decir que se reprimía a pacíficos ciudadanos por hacer uso de su derecho al voto. En la segunda fase se predicó que el Estado español tenía encarcelados sin juicio a dirigentes demócratas por defender la libertad, como si Rajoy o Sánchez fuesen la encarnación europea de Nicolás Maduro. Y ahora, los mensajes consisten en repetir en España y en el extranjero que asistiremos a una farsa de juicio, sin garantías de defensa y con un tribunal caracterizado por el odio a Cataluña. ¿Tiene la diplomacia española fuerza para combatir esa campaña? Esa es la gran incógnita del juicio. Se hará justicia, sin ninguna duda. Pero aquí no solo hace falta aplicar la ley. Hay que saber demostrar que solo se aplica la ley. Y no sé si el Gobierno llega a tiempo para apaciguar.

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