La aventura de exportar ante nuevas amenazas


En el actual contexto global, de intensa competitividad empresarial transfronteriza, nadie duda que la exportación debe formar parte del plan de negocio de nuestras empresas. Así lo han entendido los empresarios que durante los últimos años han situado a España en cabeza de los países exportadores en la UE, con tasas anuales de crecimiento en torno al 10 % (2016 y 2017). En el 2018 hubo un cambio de tendencia y nos situamos en crecimientos inferiores al 3 %, que no mejoran. De la noche a la mañana, la que parecía una tendencia imparable de apertura al exterior de nuestras empresas se ha frenado en seco. Si bien las causas son diversas, hay una que destaca: La inestabilidad política. A día de hoy, iniciar o mantener proyectos de exportación en determinados países supone un elevado riesgo que nos obliga a analizar en detalle su viabilidad.

No debemos olvidar la etimología del término negocio (nec otium), que define claramente su propia finalidad (no ocio) y nos recuerda que toda empresa persigue la generación de riqueza y rentabilidad. Por ello, elementos tan importantes como el coste de la repatriación del dividendo, los aranceles, el coste a pagar por el importador, las barreras políticas a la importación en el país de destino, deben ser tenidos en cuenta..

El problema se convierte en crítico cuando el esfuerzo exportador está ejecutado y los factores externos que vienen a dificultar el proyecto son sobrevenidos, como consecuencia de cambios o giros estratégicos en la política comercial de países, hasta la fecha, estables. En dicho caso, la viabilidad de la empresa puede depender de la decisión que se tome. Sin ir más lejos, en marzo del 2018, EE. UU. endureció los aranceles del aluminio y el acero un 10 y un 25 %, respectivamente, generando costes insostenibles para las empresas exportadoras. Por ello, ante situaciones similares, continuar con inversiones exteriores de alto riesgo sin rentabilidad, con la esperanza de no perder el capital invertido, es un error habitual denominado «falacia de los costes hundidos» del que, siguiendo los consejos de Richard Thaler, Premio Nobel de Economía 2017, debemos siempre huir.

Alejandro Navarro, abogado

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