Lecciones del retablo andaluz


Terminada la investidura del presidente de la Junta de Andalucía, el retrato que deja es una fotografía que refleja bastante bien la realidad política actual y quizá la que veremos después de las próximas elecciones generales. En primer lugar, porque se ha vuelto a confirmar que las mayorías absolutas son un recuerdo para la nostalgia y algo difícil de repetir cuando los competidores de ámbito nacional no son dos, ni siquiera cuatro, sino cinco tras la incorporación de Vox al carrusel. Todos tendrán una porción de la tarta y es más fácil que haya algo de tarta para todos antes que media tarta para uno solo. Esa es la primera lección del proceso andaluz.

La deberían tener presente quienes ahora andan a gorrazos y después posiblemente tendrán que pactar. Pienso en Sánchez y Casado, que no se han vuelto a dirigir la palabra desde que Pedro rompió relaciones. Y sigan mirando a Andalucía: si hay que hacer acuerdos para conquistar un gobierno, se pacta con el diablo. Pactó Sánchez con independentistas y acaba de pactar Casado con quien le roba más votos. Lo ideal sería que el sentido de Estado de PP y PSOE les obligara al realismo de mantener el contacto por si un día tienen que ir a la gran coalición por un empeoramiento de la crisis catalana, que puede coincidir en el tiempo con las elecciones generales. Y aunque no coincida, el problema tiene suficiente gravedad como para prever un gobierno fuerte y no precisamente el que depende de secesionistas.

En tercer lugar, los discursos de Moreno Bonilla desmienten que el mejor político es quien tiene mayor carisma. El nuevo presidente no tuvo nunca carisma ni nadie lo veía como presidente antes del 2 de diciembre. Era un técnico en el que solo creía Soraya Sáenz de Santamaría. Tampoco ganó las elecciones. Pero ayer demostró cintura, agresividad cuando hay que tenerla, cara amable cuando las circunstancias la reclaman y conocimiento creíble de la realidad andaluza. Los futuros presidentes pueden ser muy carismáticos, pero se empieza a ver la necesidad de gestores que ofrezcan algo más que palabrería, sobre todo en tiempos de enfriamiento económico que nadie sabe en qué terminará.

Y en cuarto lugar, la claridad de ideas de todos los líderes. Todos tienen para Andalucía el proyecto perfecto, como lo tendrán para España cuando llegue el momento. Y aquí se cumple una sentencia: algunas buenas iniciativas se quedan en deleznables por el mero hecho de que son de la oposición. Es muy difícil evitarlo, de hecho casi nunca se evitó. Pero creo que seremos un país magnífico el día en que el Moreno de turno le diga a la Susana de turno: «Esa idea no es mía, pero me parece magnífica». Creo que en un par de siglos lo llegaremos a ver.

?Los futuros presidentes pueden ser muy carismáticos, pero se empieza a ver la necesidad de gestores que ofrezcan algo más que palabrería, sobre todo en tiempos de enfriamiento económico

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