Iglesias-Errejón, examigos en guerra


redacción / La voz

Eran compañeros y amigos. Creadores de una aventura de activistas que sorprendieron apenas hace cinco años inventando un partido que irrumpió en unas elecciones europeas y que llegó a creerse con posibilidades de gobernar España.

Pablo Iglesias lideró su tropa con entusiasmo. Y también con entusiasmo le siguieron sus fieles, ese núcleo duro formado por los Errejón, Bescansa, Monedero, Luis Alegre y otros. Lograron sintonizar con los descontentos de la maldita crisis, crecieron espectacularmente, marcaron la agenda política de este país y hasta popularizaron su propio vocabulario, con palabras como casta. Pero el capitán general Iglesias ha laminado uno tras otro a sus compañeros y cabalga cada vez más solo. Paradojas de la vida, el partido de los círculos y de la democracia interna, donde todo se resuelve asambleariamente, se ha convertido en realidad en una organización en la que se hace la santa voluntad de un líder que no comparte ni una sola migaja de su liderazgo.

La ruptura de Errejón con Podemos y de Podemos con Errejón es en verdad el divorcio definitivo de Iglesias con su examigo del alma y la prueba palpable de que el personalismo del líder podemita ha dejado de sumar para la causa de la gente y ha comenzado a restar. Hasta tal punto que nos debemos preparar para un gran batiburrillo en las próximas elecciones, donde se avecinan escisiones de todo tipo.

Pablo Iglesias ya no tiene el enemigo en la casta política, en la codicia empresarial y en la desigualdad económica. Tampoco en el nacimiento de la extrema derecha de Vox, ni en el franquismo que tanto tiempo le ocupa. Ni siquiera en la izquierda moderada que hace no demasiado representaba el PSOE. Iglesias comienza a tener a sus principales adversarios entre los que eran sus compañeros de viaje. Con ellos tendrá que mantener una encarnizada pelea por no perder la posición entre sus caladeros de votantes.

Pero además del problema madrileño, que es enorme, la situación se le puede ir complicando en el resto de España por un efecto contagio o, simplemente, porque se lleva gestando desde hace mucho tiempo. Tenemos el caso de Galicia, donde hasta ahora le ha ido muy bien con los diputados en Madrid de En Marea, que nunca ha quedado claro si actuaban como miembros de Podemos o como políticos pertenecientes a un partido instrumental ocasionalmente aliado de la formación morada. Está claro que el grupo que gobierna como puede Villares puede saltar por los aires en cualquier momento y dar lugar a váyase a saber cuántas agrupaciones.

El superliderazgo de Iglesias no le está valiendo para tener prietas las filas, sino más bien para que se le agrieten. La puñalada que le ha dado Íñigo Errejón tardará días en digerirla. O quizá nunca lo haga, porque puede que no alcance a entender que cuando dejas por el camino cadáver tras cadáver tienes que preocuparte de que estén bien muertos.

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