Las tierras prometidas


Un mapa de Europa. Una cifra: 70 millones. Y una flecha coloreada que va desde Turquía hasta el Reino Unido. Esa fue una de las imágenes más potentes de la campaña a favor del brexit. Bastaba con ese golpe visual, directo a la mandíbula. No necesitaban explicar nada más. En realidad, no les convenía explicar nada más. Así se daba por hecho que el Estado turco iba a entrar de forma inminente en la UE y que todos sus habitantes, su población en pleno, se instalarían en el Reino Unido tan pronto se firmara la adhesión. La película Brexit, de HBO, recrea la campaña del referendo metiéndose en la maquinaria de los vencedores. Parece una distopía, un ficción. Ficción o aflicción. Sobre estos cimientos de arena levantó el leave su iglesia. Sachando en Facebook, cacheando votantes como si fueran patatas. Ofreciendo un viaje a la tierra prometida sin contar que los mares no iban a abrirse a su paso por muy graciosa que sea su majestad. Y siempre es complicado nadar y salvar la ropa. El cerebro de la estrategia que hizo ganar a los euroescépticos lo tenía muy claro. Mirar hacia un supuesto pasado brillante, aunque sea legendario para vender que había que volver a tomar el control. Y, subidos a un altar de presunta superioridad, soltar mensajes de trazo grueso, como que Unión Europea planteaba prohibir las tazas de té o que todos los turcos invadirían Londres. Pero no de forma industrial, sino con una distribución sofisticada. Ajustando el punto de mira sobre cada ciudadano, sabiendo dónde dolía para morder justo ahí, en el órgano adecuado, ya fuera el estómago o el corazón. Todo era tan sencillo, que a muchas cabezas les costará entender ahora todo este embrollo. Y no encontrarán la respuesta en Facebook.

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