Patadas a Vox en el trasero del PP


No tengo la sensibilidad de un andaluz para juzgar las promesas de Moreno Bonilla en su discurso de investidura. Por eso solo diré que me ha sonado bonito, que parecía que había cogido el catálogo de departamentos de la Junta y que tenía compromisos de mejora para todos ellos. Mientras le veía en el Canal 24 Horas, pensaba dos cosas: que este señor parece que va a ser también mejor presidente que candidato y que, igual que buscó las emociones al enviar su afecto a la familia del niño Julen y a quienes lo buscan, bien pudo tener el detalle de enviar un mensaje a los cientos de feministas que se manifestaban ante el Parlamento. Al fin y al cabo, todas eran andaluzas y nunca es malo para un político darse por enterado de lo que ocurre en la calle.

¿Por qué no lo habrá hecho Juanma Moreno? Puede ser que no le pareció oportuno y no hay más que discutir. Pero puede ser porque vio en ellas intención de deslucir su investidura y mancharle con reivindicaciones dirigidas a Vox, pero dándole una patada a Vox en el trasero del PP por el pacto andaluz. Tenía serias razones para pensarlo y pensar incluso algo peor: esa movilización tenía por lo menos el apoyo del PSOE y quizá su inspiración. La prueba es que las agrupaciones del PSOE en las ocho provincias pusieron autobuses para llenar Sevilla de manifestantes y el mismo PSOE promovió mociones contra el machismo en un centenar de municipios de otras tantas ciudades.

Si esas manifestaciones y mociones tienen a Vox en el punto de mira, es porque Vox apoya a Juanma Moreno. Y algo que dice cualquier feminista en cuanto le sondeas un poco: tan condenable es Vox por proponer la derogación de la Ley de Violencia de Genero como el partido que negocia con él, es decir, el Popular. Y no les importa que el PP lo haya rechazado, haya impuesto su criterio en la negociación y haya obligado a Vox a retirar su propuesta: tan malo --y en este caso tan machista-- es el autor de una iniciativa como quien se la rechaza.

Eso significa algo que me parece peligroso: ahora se trata de convertir la admirable defensa de los derechos e incluso de la integridad física de la mujer en una batalla ideológica. Reproduce el mismo esquema de los bloques que se han asentado en la vida política: a un lado está la derecha sin distinción de siglas, que no entiende la situación de la mujer, y al otro la izquierda que quiere la exclusiva de la justicia y la igualdad de sexos. Cuidado: si la lucha feminista es apropiada por uno de los bloques, habrá perdido la fuerza de la unanimidad.

Y si lo de ayer se repite ante cualquier otro Parlamento, se estará enfrentando la calle -organizada políticamente- con la institución que representa la soberanía popular.

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