Villarejo ataca de nuevo

Fernando Ónega
Fernando Ónega DESDE LA CORTE

OPINIÓN

El excomisario Villarejo lleva más de un año interno en la cárcel extremeña de Estremera
El excomisario Villarejo lleva más de un año interno en la cárcel extremeña de Estremera

12 ene 2019 . Actualizado a las 09:37 h.

No sé si ustedes lo recuerdan, pero fue un caso muy sonado en tiempos de Rodríguez Zapatero, allá por los años 2004-2005. Una gran empresa constructora, Sacyr, se propuso asaltar la propiedad del BBVA. No prosperó, el banco ganó la batalla del asedio pero, después de las aventuras de Mario Conde, fue una de las operaciones financieras más osadas y oscuras de los tiempos de la democracia. Operación de tiburones, con incierto papel del Gobierno, en cuyo seno estaba Miguel Sebastián como director de la Oficina Económica de la Moncloa. Fracasó, ya digo, y el chantadino Francisco González, hoy recién jubilado, se alzó con una victoria épica.

Pero lo que ahora descubren un par de medios informativos, uno de ellos destino habitual de las grabaciones del comisario Villarejo, supera a la mejor película de espionaje: este policía hizo una escucha masiva de conversaciones de los asaltantes y de sus interlocutores políticos. No exagero con el calificativo de ‘masiva’: se calcula que oyó y grabó unas 15.000 llamadas telefónicas en tiempo real y algunas de ellas saltándose la seguridad del palacio de la Moncloa. También en las guerras económicas todas las armas son válidas. Por ejemplo, contratar a un comisario de policía para que incorporase a su actividad pública una intensa actividad privada y supuesta alta rentabilidad. Si se trataba de gastar mucho dinero en abortar el asalto de Sacyr, tratándose de un gran banco, por dinero no iba a quedar.

Ahora la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) se moviliza ante la información y se propone investigar la investigación de Villarejo. Han pasado catorce años, pero uno de los escuchados fue precisamente el entonces presidente de ese organismo, Manuel Conthe. Y yo digo: escuchar 15.000 conversaciones es tarea de gigantes o de obsesos. Difícilmente lo puede hacer una sola persona. No es extraño que algunos especialistas sostengan que las grabaciones de Villarejo, puestas en papel, ocuparían doce camiones de alto tonelaje.