Triángulo de derechas sin foto (y sin sexo)


Suenan y resuenan, poderosos en las redes sociales y en los bares los ecos del pacto tripartito andaluz. PP, Vox y C’s han formado una extraña alianza, un atronador triángulo que recuerda a esas fugaces relaciones a tres bandas en las que uno de los vértices no quiere ni acercarse a uno de los otros, pero pretende participar a toda costa.

No hay foto del acuerdo. Tampoco roce. Y mucho menos cariño entre los de Albert Rivera (temerosos de que el macronismo pusiera el grito en el cielo) y los de Abascal. Un enorme jirón de niebla envuelve el acuerdo histórico que despojará al PSOE de su gran feudo. Y anuncia muchas brumas para el futuro.

A Vox le gustan el ruido, la furia y la altisonancia. Si tradujéramos su programa ultra a una combinación de texto y emoticonos nos encontraríamos con gritos (solo mayúsculas) y una sobredosis de caras indignadas y puños cerrados.

No hay que ser un gran profeta para augurar que, en menos de 15 días desde que Moreno Bonilla sea investido presidente, los paladines de la reconquista empezarán a jugar con desencuentros y posibles retiradas de su apoyo a la coalición. Es su vía para crecer. Tienen la lección bien aprendida de sus amigos de Hazte Oir. El año que su polémico bus homófobo recorrió España multiplicaron sus ingresos y sus afiliados. Son como troles de Internet. Darles de comer es peligroso.

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Triángulo de derechas sin foto (y sin sexo)