Mímica y política


Toda foto es pura mímica, gestos sin sonido. Eso no impide que se puedan percibir cosas, a veces inquietantes: ¿Está el ultraderechista Bolsonaro parando un taxi?, ¿ordenando que los niños de azul y las niñas de rosa?, ¿declarando la ley marcial? Los políticos contextualizan el gesto hablando. Pero no suelen decir muchas verdades. Son lo opuesto a los mimos, cuyo primer mandamiento es no hablarás. Uno del gremio, Pep Bou se llama, brindó una función a niños en A Coruña. Su especialidad son las burbujas de jabón. Luego se pudo ver que él mismo, como tantos políticos, como Bolsonaro, vive en una burbuja. Bou abrió la boca para apoyar a «amigos» que están «en la cárcel por sus pensamientos». No es el primer mimo que habla. Quizás sí el primero que miente. Claro que la mentira es tan obscenamente gorda que es imposible que ni un niño se la haya creído.

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