¿Y si Vox se escribe con B (de Bannon)?


Sorpresa, sorpresa. Ese partido ultra al que votaron cientos de miles de andaluces hace planteamientos, postulados y demandas de extrema derecha. Vox ha puesto la lucha contra la violencia de género en la diana. No lo hace de forma inocente. Y tampoco por razones de pureza ideológica. El partido de ese profesional de la política llamado Santiago Abascal busca alporizar, crispar y dividir para seguir siendo noticia. Sigue al dedillo el plan del gran gurú de la derecha radical en las dos orillas del Atlántico, Steve Bannon.

El ideólogo del trumpismo hizo su particular desembarco de Normandía hace unos meses. Hizo suya una plataforma belga llamada The Movement que había sido creada para propagar el ultraderechismo por Europa. E instaló su cuartel general en Roma (admira profundamente a Salvini). Su objetivo indisimulado era rearmar a los partidos ultras y forjar una gran coalición populista de cara a las elecciones europeas. Por supuesto, habló con Vox. Proporcionó «ideas y consejos» a una formación que entonces era extraparlamentaria. ¿Le dio algo más? ¿Logística? ¿Tecnología?

En la campaña de las andaluzas fue Vox la que aplicó con más ganas una vieja receta de Bannon (¿les suena el escándalo Cambridge Analytica,) y se empleó a fondo poniendo anuncios negros en Facebook (esos que solo ven en principio los destinatarios y que, por ejemplo, en Estados Unidos hicieron creer a mucha gente que el papa Francisco respaldaba a Trump). ¿Casualidad? ¿La música del azar? No. Las redes sociales son autopistas libres de peaje para el populismo. Y nadie conduce por ellas tan bien como la extrema derecha.

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