Sanidad: cortar por lo sano


La dimisión de 25 jefes de área de atención primaria en Vigo es muchísimo más que una anécdota o una pataleta colectiva, es un síntoma preocupante sobre la deficiente gestión del Sergas. La crisis, calificada como «problema» por el gerente del área, Félix Rubial, ha situado a Jesús Vázquez Almuíña ante el papelón de su vida como conselleiro.

Ese «problema» al que se refiere el Sergas es solo la punta del iceberg de una situación que se arrastra durante toda la legislatura. Nada puede haber más duro para los 25 dimitidos que renunciar a un cargo tan vocacional, donde el servicio público se ejerce a costa del tiempo personal y familiar. Pero su renuncia no es un caso singular. Estos días se cumplen seis semanas de huelga en el servicio de urgencias del CHUS, desde octubre los trabajadores de los PAC gallegos -en una protesta que tuvo su arranque en la muerte de un paciente desasistido- reclaman más medios y personal, los pediatras están al límite de sus fuerzas...

Pocas veces en la sanidad pública gallega se han puesto de acuerdo tantos. Y no solo en lo bueno -la profesionalidad y la dedicación de sus trabajadores, de sobras conocidas y contrastadas- sino en lo malo. Prácticamente todos los sectores sanitarios, desde los colegios médicos a las sociedades científicas y las asociaciones de pacientes, pasando por los trabajadores, están de acuerdo en que la situación ha llegado al límite. Lo contó en estas páginas uno de los 25 exjefes de área de Vigo: «El deterioro ya es insostenible». No estamos hablando, claro, de un deterioro cualquiera. Es imprescindible que los profesionales de la salud trabajen en un ambiente laboral sano, que puedan desempeñar su labor en unas condiciones si no máximas, al menos mínimas. No está sucediendo.

En un área tan sensible como el Sergas la interlocución es básica. La oposición ha encontrado aquí una vía de agua al modelo Feijoo, creando una falsa comisión parlamentaria que, guste o no, está sirviendo de altavoz a personas que se sienten excluidas del sistema sanitario: pacientes que pierden la paciencia, médicos exhaustos. Las llamadas al diálogo, que las hay, no son suficientes. Tampoco la coartada, válida solo en parte, de que el problema es común a toda España. Hacen falta hechos. Por supuesto, gestionar la sanidad no es tarea nada fácil. La gallega, con una población muy envejecida, pero que al mismo tiempo exige una atención escrupulosa, consume el 41 % del presupuesto de la Xunta y emplea a 38.000 profesionales, muchos de ellos contratados por horas o días, otra circunstancia absurda.

Pero en la gestión de la sanidad pública no valen los cuidados paliativos. Aplicarlos es asumir que el enfermo se va a morir. Y si la sanidad muere, muere con ella toda la sociedad. Antes de que esto ocurra, es mejor tomar decisiones drásticas. En el argot, cortar por lo sano. Expresión que, llegado el caso, no debería sorprender al conselleiro, y además doctor, Vázquez Almuíña.

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